Los científicos encendieron las alarmas por el crecimiento sin precedentes del sargazo en el océano Atlántico. Según estimaciones de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante 2026 podrían acumularse alrededor de 40 millones de toneladas métricas de esta macroalga, una cifra aún mayor que la registrada el año pasado.
El fenómeno preocupa especialmente en el Caribe mexicano, donde el arribo masivo de sargazo afecta playas, arrecifes y ecosistemas marinos. Solo en Quintana Roo, durante 2025 se recolectaron cerca de 90 mil toneladas del alga, y este año los investigadores esperan una temporada todavía más intensa.

El sargazo comenzó a convertirse en un problema grave desde 2012, cuando enormes manchas de biomasa empezaron a llegar de forma constante a las costas del Caribe. Aunque su presencia no es permanente ni afecta todas las playas al mismo tiempo, el impacto ambiental y económico es cada vez más importante.
Especialistas explican que esta macroalga funciona naturalmente como un ecosistema flotante donde viven peces, tortugas y crustáceos. Sin embargo, el aumento extremo de su volumen está relacionado con el calentamiento global y las alteraciones en las corrientes oceánicas.
Además del daño visual y turístico, el sargazo representa un problema ambiental y sanitario. Según los investigadores, las algas absorben metales pesados como arsénico, mercurio y cadmio presentes en el océano. Cuando se acumulan en las playas y comienzan a descomponerse, generan malos olores y pueden contaminar acuíferos y ecosistemas costeros.
Otro de los grandes desafíos es su recolección. El retiro mecánico del sargazo suele deteriorar las playas y muchas de las barreras instaladas para contenerlo no logran detener completamente las enormes masas flotantes. Cuando las algas se descomponen en el agua, se hunden y terminan pasando por debajo de las barreras, formando lo que los especialistas llaman “marea marrón”.

Para monitorear el fenómeno, científicos del Laboratorio Nacional de Observación de la Tierra utilizan imágenes satelitales tomadas cada cinco días por el satélite Sentinel-2. Gracias a esa tecnología pueden rastrear la trayectoria de las manchas de sargazo y predecir cuándo llegarán a las costas de México, Belice, Guatemala y Honduras.
Además, los expertos utilizan drones, GPS flotantes y modelos oceánicos para seguir el comportamiento de las algas en tiempo real. Toda esa información se reúne en un sistema digital que permite visualizar la distancia, cantidad y posible impacto del sargazo antes de que llegue a las playas.
Aunque todavía no existe una solución definitiva, los científicos analizan nuevas alternativas para reducir el problema, incluyendo métodos de captura en alta mar antes de que las algas lleguen a la costa. Sin embargo, advierten que aún se desconocen los posibles efectos ambientales de esas estrategias.








