Descubren el ingenioso método que usaban hace 14.000 años para explorar cuevas en completa oscuridad

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Un grupo de cazadores-recolectores que se aventuró en una cueva del norte de Italia hace unos 14.400 años dejó pistas que hoy permiten conocer cómo lograban desplazarse por galerías completamente oscuras. Y la respuesta sorprendió a los investigadores: no utilizaban grandes antorchas, sino simples ramas de pino encendidas.

El descubrimiento surge de una investigación realizada en la cueva de Bàsura, en la región italiana de Liguria, uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de Europa. Allí se conservan huellas humanas fosilizadas, rastros de un cánido que acompañaba al grupo y numerosas marcas de carbón en paredes y techos.

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Estudios previos habían determinado que la expedición estaba formada por dos adultos, un adolescente, dos niños y un cánido, quienes recorrieron cientos de metros en el interior de la cueva durante una única incursión ocurrida hacia el final de la última glaciación.

La clave del hallazgo apareció tras analizar 56 fragmentos de carbón encontrados en una zona conocida como la Sala de los Misterios. Más de la mitad pertenecían a ramas jóvenes de pino silvestre de pequeño diámetro, un dato que llevó a los investigadores a cuestionar la creencia de que los grupos prehistóricos utilizaban antorchas grandes para iluminarse bajo tierra.

Para comprobarlo, los científicos realizaron pruebas en otra cueva con características similares. Los resultados mostraron que pequeñas ramas de pino encendidas ofrecían una iluminación suficiente para avanzar con seguridad y generaban mucho menos humo que las antorchas tradicionales.

Según las reconstrucciones, las ramas utilizadas tenían entre uno y tres centímetros de diámetro y aproximadamente treinta centímetros de longitud. Con apenas dos fuentes de luz, una ubicada al frente y otra en la parte trasera del grupo, era posible iluminar el recorrido y alcanzar una visibilidad cercana a los diez metros una vez que los ojos se adaptaban a la oscuridad.

Los experimentos también permitieron calcular que la travesía completa habría durado alrededor de dos horas y que para realizar el recorrido de ida y vuelta se necesitaron unas veinte ramas encendidas.

Además de resolver un antiguo misterio, el estudio revela un nivel de organización mucho más sofisticado de lo que se pensaba. Los participantes de las pruebas comprobaron que avanzar en fila y mantener contacto con la persona que iba delante facilitaba el desplazamiento por los sectores más estrechos y oscuros de la cueva.

Otro dato interesante surgió del análisis de polen conservado en los sedimentos. Los investigadores pudieron reconstruir el paisaje que rodeaba la cueva hace más de 14 milenios y descubrieron que estaba dominado por estepas y bosques dispersos de pinos, una fuente abundante y accesible de combustible para estas exploraciones subterráneas.

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Aunque todavía no se sabe con certeza por qué aquel grupo decidió internarse en las profundidades de la cueva, el hallazgo demuestra que los humanos del Paleolítico Superior poseían conocimientos avanzados sobre movilidad, iluminación y planificación, mucho antes de lo que se creía.

Las pequeñas ramas carbonizadas encontradas en Bàsura se convirtieron así en una ventana única hacia una expedición ocurrida hace más de 14.000 años, revelando cómo nuestros antepasados lograban conquistar la oscuridad con recursos simples, pero extraordinariamente efectivos.

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