El gigantesco ejemplar de Angelim-vermelho, de 88,5 metros de altura, permaneció oculto durante siglos en la selva amazónica y ahora cuenta con una protección especial para garantizar su conservación.
En el corazón de la Amazonía brasileña se encuentra un verdadero gigante de la naturaleza. Se trata de un ejemplar de Angelim-vermelho (Dinizia excelsa), considerado el árbol más alto del Amazonas, con una impresionante altura de 88,5 metros, equivalente a un edificio de unos 30 pisos.
El coloso fue detectado por primera vez en 2019 gracias a tecnología de cartografía aérea, aunque los científicos recién lograron llegar hasta él en 2022, tras una exigente expedición de dos semanas a través del Bosque Estatal de Paru, en el norte del estado de Pará.

A pesar de su enorme tamaño, el árbol permaneció oculto durante siglos debido a la densidad de la selva. Su tronco tiene 3,15 metros de diámetro y una circunferencia cercana a los 10 metros, por lo que serían necesarias varias personas tomadas de la mano para rodearlo.
Una expedición extrema
Llegar hasta el ejemplar no fue una tarea sencilla. Un primer intento había fracasado por las difíciles condiciones del terreno, la falta de provisiones y problemas de salud dentro del equipo.
Finalmente, investigadores, guías locales y especialistas recorrieron ríos, zonas inundadas y senderos prácticamente inexistentes hasta confirmar las mediciones obtenidas por los sensores aéreos.
La región donde se encuentra este árbol también alberga decenas de ejemplares de la misma especie que superan los 70 metros de altura, convirtiéndola en uno de los bosques con los árboles más altos del planeta.
Protección para un gigante

Tras el hallazgo, las autoridades brasileñas reforzaron la protección de toda el área. En 2024 se creó el Parque Ambiental Estatal de los Árboles Gigantes del Amazonas, una reserva de unas 560.000 hectáreas destinada a preservar estos ejemplares únicos, fomentar la investigación científica y promover un ecoturismo controlado.
Además, los especialistas aplicaron una capa de hormigón alrededor de la base del árbol para reforzar su protección frente a la erosión y contribuir a su conservación.
Hoy, este gigante amazónico no solo ostenta el récord como el árbol más alto de la selva, sino que también se convirtió en un símbolo de la importancia de preservar uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta.







