Lo que durante milenios permaneció oculto bajo el hielo de las montañas de Noruega está emergiendo a una velocidad sin precedentes. Armas, herramientas, prendas de vestir e incluso restos humanos antiguos están saliendo a la luz debido al acelerado deshielo provocado por el calentamiento global. Sin embargo, este extraordinario hallazgo arqueológico viene acompañado de una preocupación creciente: muchos de estos objetos comienzan a deteriorarse apenas quedan expuestos al aire.

La historia que impulsó esta carrera contra el tiempo comenzó en 1991, cuando dos alpinistas descubrieron un cuerpo semienterrado en los Alpes, entre Austria e Italia. El cadáver, conocido posteriormente como Ötzi, estaba tan bien conservado que inicialmente se creyó que pertenecía a una persona fallecida recientemente. Sin embargo, las pruebas científicas revelaron una realidad sorprendente: había vivido hace más de 5.000 años, entre el 3350 y el 3100 a. C., convirtiéndose en la momia natural más antigua de Europa.
Aquel descubrimiento despertó el interés de los arqueólogos por explorar los campos de hielo de Europa, especialmente porque el aumento de las temperaturas estaba acelerando el retroceso de los glaciares y dejando al descubierto restos históricos únicos.
En Noruega, esta búsqueda tomó forma en 2006, cuando un excursionista encontró un antiguo zapato de cuero en las montañas del condado de Innlandet. Las investigaciones determinaron que el calzado tenía unos 3.400 años de antigüedad, lo que dio origen al proyecto Secrets of the Ice, una iniciativa dedicada a rescatar y estudiar objetos que emergen del hielo.
Desde entonces, los investigadores han recuperado alrededor de 4.500 artefactos, entre ellos esquís de madera, túnicas, cuchillos, trampas de caza y puntas de flecha utilizadas por antiguas comunidades que habitaron la región. Muchos de estos objetos se conservaron de forma excepcional gracias a las bajas temperaturas y a las condiciones únicas de los campos de hielo inmóviles, que funcionan como auténticas cápsulas del tiempo.
Los avances científicos también han permitido analizar diminutas muestras de ADN antiguo, restos de polen y hasta parásitos conservados durante siglos, aportando información valiosa sobre migraciones humanas, enfermedades y modos de vida del pasado.
Pero el fenómeno que hace posibles estos descubrimientos también representa una amenaza. Una vez que los objetos quedan expuestos al aire, comienzan a deteriorarse rápidamente. Materiales como cuero, madera y tejidos, que permanecieron intactos durante miles de años bajo el hielo, pueden degradarse en cuestión de horas o días.

Los arqueólogos describen la situación como una auténtica carrera contra el reloj. Actualmente, el equipo de Secrets of the Ice cuenta con apenas cinco especialistas para inspeccionar más de 70 zonas donde aparecen nuevos hallazgos cada verano. Además, el deshielo vuelve las expediciones más peligrosas debido a la aparición de grietas y terrenos inestables.
Las previsiones tampoco son alentadoras. Los expertos estiman que hasta el 80 % del hielo de montaña de Noruega podría desaparecer antes de finales de este siglo, lo que aumentaría la cantidad de objetos expuestos, pero también el riesgo de que gran parte de este patrimonio histórico se pierda antes de ser estudiado.
Mientras el hielo retrocede, los arqueólogos intentan rescatar miles de años de historia que están reapareciendo ante sus ojos. Cada verano ofrece nuevas pistas sobre el pasado, pero también reduce el tiempo disponible para conservarlas antes de que desaparezcan para siempre.








