Cuando se piensa en Japón, es común imaginar templos milenarios, rascacielos futuristas o jardines tradicionales. Sin embargo, existe una pequeña ciudad que sorprende por una combinación poco habitual: un barrio histórico de antiguos almacenes, canales rodeados de sauces y un museo que alberga obras de algunos de los artistas más importantes de la historia occidental.
Se trata de Kurashiki, una encantadora localidad ubicada a orillas del Mar Interior de Seto, conocida por conservar uno de los conjuntos arquitectónicos históricos mejor preservados del país.
6
Su nombre significa literalmente «aldea de almacenes», una referencia directa a su pasado comercial. Durante el período Edo, la ciudad se convirtió en un importante centro de distribución de mercancías gracias al canal que atraviesa su casco histórico y que conectaba distintas regiones de Japón.
Actualmente, esos antiguos depósitos de paredes blancas y techos de tejas negras siguen en pie, aunque transformados en cafeterías, restaurantes, tiendas, galerías y alojamientos que atraen a visitantes de todo el mundo.
El corazón de la ciudad es el histórico barrio de Bikan, donde los turistas pueden recorrer calles adoquinadas, navegar por el canal en embarcaciones tradicionales o pasear en rickshaw mientras contemplan la arquitectura centenaria que convirtió a Kurashiki en uno de los destinos más pintorescos del país.
Pero la gran sorpresa de esta pequeña ciudad japonesa se encuentra en el Museo de Arte Ohara. Inaugurado en la década de 1930, fue el primer museo de Japón dedicado permanentemente al arte occidental y alberga una colección que pocos esperarían encontrar fuera de las grandes capitales del mundo.
Entre sus salas se exhiben obras de artistas como Pablo Picasso, Claude Monet, Wassily Kandinsky, Paul Klee, Jackson Pollock y El Greco. La colección incluye incluso una de las famosas obras de la serie «Nenúfares» de Monet.
La riqueza cultural de Kurashiki está estrechamente ligada a su pasado industrial. La ciudad también es conocida por el distrito de Kojima, considerado la cuna del denim japonés. Allí nació el famoso tejido teñido con índigo conocido como «Japan Blue», y actualmente la región produce gran parte de los jeans fabricados en Japón.
Más allá del arte y la historia, la ciudad ofrece otro atractivo imperdible: el Santuario Achi, situado en lo alto del monte Tsurugata. Desde este antiguo santuario, cuyos orígenes se remontan a más de 1.500 años atrás, se obtienen algunas de las mejores vistas panorámicas del casco histórico y del paisaje costero que rodea la ciudad.
Además, el recinto alberga una de las glicinas más famosas de Japón, un ejemplar con más de 300 años de antigüedad que ha sido declarado monumento natural.
Entre canales históricos, antiguos almacenes, arte europeo de primer nivel y una profunda tradición textil, Kurashiki demuestra que algunas de las mayores sorpresas de Japón se encuentran lejos de las rutas turísticas más conocidas. Una ciudad donde la historia, la cultura y el paisaje conviven en un escenario tan inesperado como fascinante.






