El regreso del yaguareté a los Esteros del Iberá es considerado uno de los mayores logros de conservación de la fauna en Argentina. Sin embargo, uno de sus ejemplares más famosos, conocido como Ombú, comenzó a generar un desafío inesperado: su comportamiento obligó a cerrar temporalmente algunos senderos turísticos por motivos de seguridad.
El joven yaguareté, que circula libre por el parque desde mayo, se diferencia del resto porque no evita el contacto con las personas. En varias oportunidades fue visto descansando sobre las pasarelas de uso público y permaneciendo cerca de los visitantes, una conducta poco habitual para un felino salvaje.

Ante esta situación, tanto el Parque Nacional Iberá como el parque provincial comenzaron a monitorear permanentemente la ubicación del animal. Cada vez que Ombú se acerca a las zonas de circulación de turistas, algunos senderos son cerrados de manera preventiva y se suspenden las caminatas nocturnas para proteger tanto a las personas como al propio yaguareté.
Las autoridades aclararon que el parque no permanece cerrado, sino que las restricciones cambian diariamente según el lugar donde se encuentre el felino. En el parque provincial, además, los sectores donde aparece Ombú solo podrán recorrerse con guías especialmente capacitados, como parte de un nuevo protocolo que busca minimizar riesgos.

La situación también despertó preocupación entre los prestadores turísticos de Colonia Carlos Pellegrini, ya que las restricciones llegan a pocos días del inicio de las vacaciones de invierno, una de las épocas de mayor afluencia de visitantes. La Cámara de Turismo del Iberá y la Asociación de Guías de Turismo Laguna Iberá propusieron habilitar circuitos alternativos para mantener la actividad sin comprometer la seguridad.
Especialistas explican que el verdadero desafío no es la presencia de Ombú, sino que ha perdido parte de su temor natural hacia los seres humanos, un fenómeno conocido como habituación. El objetivo ahora es aplicar técnicas de manejo para que vuelva a mantener distancia de las personas y continúe desarrollando un comportamiento completamente silvestre, garantizando así la convivencia entre la conservación de la especie y el turismo de naturaleza.








