Fue arrestado después de comer gratis en un local de comida rápida por un año diciendo que trabajaba en la oficina central

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Un hombre de 27 años fue arrestado y comparecerá ante el tribunal de Estados Unidos luego de presuntamente haber estafado a KFC durante todo un año comiendo gratis.

Según los informes, el hombre sudafricano les contó a los empleados de la cadena de comida rápida que había sido enviado desde la sede de KFC para un control de calidad para asegurarse de que el pollo estaba a la altura.

También se informó que el hombre llevaba una tarjeta de identificación de la “oficina central” y se vestía muy elegante, incluso llegando a una limusina.

Según Xpouzar, el amigo del hombre es un conductor de limusina a tiempo parcial y parece ser un supuesto cómplice para fingir que era un hombre con estatus.

“Cuando llegó, todos trataríamos de hacer todo lo posible para que no molestáramos al hombre de la oficina central; era tan convincente porque era tan confiado, e incluso colegas de otros locales de KFC lo conocen.
Cuando entró, corrió a la cocina y revisó todo, tomó notas y luego pidió muestras de lo que quisiera. Probablemente trabajó para KFC antes porque lo sabe todo”.

La historia fue compartida en Twitter por un periodista keniano que tuitea desde una cuenta llamada ‘The African Voice’.

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Crece la desesperación de argentinos varados por el mundo: 15.000 personas en más de 60 países a la espera de ser repatriados

El surgimiento del coronavirus y su consecuente propagación por diferentes países del mundo ha provocado -y aún provoca- daños que hasta el momento resultan incalculables.

Incalculables no sólo por el hecho de que aún no puede establecerse un fin para la pandemia -que por estas horas encuentra su pico máximo en países de Sudamérica-, sino porque, tomar real dimensión de las consecuencias que ha ocasionado en el mundo, llevará mucho tiempo.

Es, hasta el momento, una de las pocas veces en que nos enfrentamos a hablar de un contexto mundial absolutamente paralizado. Y así como muchos de nosotros vimos frustrarse metas y objetivos previstos para este 2020, también existen personas a las que, si bien no se han contagiado, el virus les está haciendo vivir su peor pesadilla en vida.

Por el avance del virus originado en Wuhan, China, a fines de noviembre del 2019, muchas aerolíneas ya se encontraban cancelando vuelos hacia los destinos que han sido considerados como factor de alto riesgo debido a la identificación de numerosos casos positivos de contagio.

Días más tarde, las aerolíneas decidieron dejar de efectuar vuelos internacionales. Incluso, algunos aviones sólo abandonaban el país local en busca de repatriar a ciudadanos que habían sufrido percances y/o cancelaciones en sus vacaciones.

En efecto, mientras el mundo se abraza a una campaña que pregona el quedarse en casa, ellos están a miles de kilómetros de la suya. Y, así como muchos medios se hacen eco de los efectos secundarios y psicológicos de aquellos que están encerrados en sus casas, nadie habla del estado anímico de quienes han quedado sin amparo ante la caótica situación del Covid-19.

Por viaje de trabajo, por vacaciones, por cumplimiento de una beca, por un tratamiento médico o por lo que fuera que sea, muchos argentinos -como tantos otros ciudadanos del mundo- han quedado varados en los destinos en los que se encontraban al momento de la suspensión total de operaciones aéreas de las aerolíneas y de arribos al país.

De primer momento, muchos de ellos fueron informados de que serían repatriados, luego hubo interferencias entre las partes involucradas en asegurar su regreso a casa. Y, lo que comenzó siendo un estado de incertidumbre durante los primeros diez a veinte días, generó un colapso con el pasar de las semanas.

Los días pasan, y con él se acaban los medios y recursos económicos destinados a subsistir, se cumplen hospedajes y/o se vencen contratos, escasean los alimentos, y hasta corren riesgo de quedarse sin stock de medicaciones y/o insumos de salud necesarios. Por el contrario, aumenta la paranoia, la ansiedad.

Se multiplica la angustia y el sentirse no recibido en ninguna parte: al país en donde están de seguro les gustaría que se fueran, y desde ya que ese es el deseo de ellos más que de nadie. Y en el lugar donde han hecho su vida no parecen brindarle la confianza de quererlos de regreso sanos y salvos.

En efecto, algunos de ellos han hecho pública su situación mediante redes sociales y pedidos masivos de ayuda para lograr volver al país. Convencidos de que solo el apoyo de la gente y la difusión del caso pueden lograr una solución a su problema.

#SeguimosVarados

Un pequeño grupo de argentinos radicados en el exterior y de periodistas (en Europa, Australia, USA y Argentina), en forma total y absolutamente desinteresada, se han manifestado bajo la creación de una pequeña campaña bajo el # y nombre de #SeguimosVarados.

Entre su principal objetivo destacan pregonar que la opinión pública, los políticos y las compañías aéreas vuelvan a poner el foco de su atención y acción sobre ésta situación inhumana que están actualmente padeciendo miles de argentinos.

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Las otras víctimas de la pandemia: ¿son prisioneros de guerra? #SeguimosVarados Son más de 15.000 argentinos varados y de a cuentagotas se les está permitiendo el regreso del exterior a su patria. Alemanes, franceses, italianos y otros muchos extranjeros igualmente han quedado detrás de las fronteras cerradas de Argentina. Sólo algunos, muy pocos pueden volver. Todos se sienten literalmente abandonados. Son amigos, hijos, madres, abuelos de alguien que los espera. Muchos están ya tocando fondo en sus reservas de energía y de sus alcancías y las de sus seres queridos. Sin dinero y sin fecha de regreso, la incertidumbre los está agotando. El cortocircuito entre las compañías aéreas, las autoridades de los gobiernos, entes consulares y las cancillerías correspondientes solo trae más marchas y contramarchas, y más incertidumbre. Los turistas, científicos del Conicet, médicos, menores de edad de intercambio y otros viajeros no eligieron quedarse varados. Cada uno tiene su propia historia, pero el común denominador es que miles siguen varados, que han llenado innumerables planillas online y se enfrentan con terribles burocracias. Solo quieren volver a dormir en sus camas, a ser útiles para la sociedad en sus trabajos y regresar al seno de sus familias. En nuestro contacto directo con miles de varados, ellos han destacado que algunos empleados de consulados y de las compañías aéreas responden con paciencia sus llamados, aunque son muchos otros los que han sido tratados ruda y denigrantemente, profundizando la confusión y la desesperanza. Muchos varados ha pagado uno o dos pasajes o incluso tres pasajes que les fueron cancelados y en muchos casos no reembolsados. Y solo podrán volver a subir a un avión si vuelven a pagar el nuevo pasaje al doble de lo que costaría un pasaje normalmente. Otros, simplemente no van a poder acceder a los vuelos ofrecidos porque ya no pueden pagar más pasajes, ya no tienen para comer. Y quedarán en un limbo de vulnerabilidad y desprotección, olvidados, estigmatizados y desterrados. Se me hace un puño el alma y se me llenan de agüita los ojos pensar en los chicos de intercambio, los tangueros, los que vinieron a hacer Work&Tr

Una publicación compartida por Irina Domsch de Grassmann (@idomschgrassmann) el

Se trata de más de 15.000 argentinos que han quedado varados en más de 60 países: India, Japón, Indonesia, Filipinas, Emiratos Árabes, Israel, Vietnam, Tailandia, Singapur, Malasia, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Kenia, Egipto, Nigeria, Túnez, Argelia, Etiopía, Mozambique, Marruecos, Bélgica, Suecia, Hungría, Grecia, Suiza, Gran Bretaña, Francia, Italia, España, Andorra, Portugal, Alemania, Irlanda, República Checa, Finlandia, Dinamarca, Austria, Turquía, Ucrania, Noruega, Islandia, Rusia, Polonia, Serbia, Rumania, Montenegro, Italia, Canadá, Estados Unidos, Costa Rica, Uruguay, Bolivia, Colombia, Ecuador, Chile, Perú, México, Brasil, República Dominicana, Paraguay, Panamá, Guatemala, Nicaragua, el Caribe,

Asumen que el cortocircuito entre las compañías aéreas, las autoridades de los gobiernos, entes consulares y las cancillerías es cada vez más notorio, y que atravesar este momento, sin dinero y con muchas incertidumbres sobre posibles regresos, los está agotando.

“Solo queremos volver a casa”

Hace unas semanas desde Intriper tomábamos contacto con una pareja de argentinos varados en Chile. Eran más precisamente oriundos de Córdoba, que se encontraban vacacionando en Cancún y nos relataron su odisea por intentar volver a tierras argentinas: “Nosotros teníamos vuelo ida y vuelta a Cancún con la aerolínea Latam. Viajamos viernes 6 de marzo, antes de que en Argentina explotara todo este tema. Llegamos normal y teníamos vuelta programada para el 22 de marzo, haciendo conexión de Cancún a Lima y de Lima a Córdoba“.

Con el paso de los días, esta pareja pudo aprovechar un vuelo de repatriación desde Cancún hacia Chile para llevar a pasajeros chilenos, por lo que una vez arribado el avión quedaron varados en el aeropuerto de Chile, que se encontraba acondicionado con catres, cobijas, almohadas para asistirlos.

Si bien ya era un paso más avanzar en el recorrido por volver hacia su casa en Córdoba, manifestaron su angustia por no estar en el país de origen: “Nos gustaría preferentemente poder llegar hasta el Aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires, y si es necesario quedarnos allá, cumplir una cuarentena ahí. Pero por lo menos va a ser un poco más esperanzador ya estar en nuestro país“.

Ese mismo sentimiento se traslada a todos los ciudadanos que se encuentran varados, cualquiera sea su nacionalidad y cualquiera sea su lugar actual de residencia.

Un ejercicio empático promovido por quienes apadrinan la causa y reclamo de argentinos varados en el mundo consiste en pensar que podría haberle pasado a uno mismo.

Y es que, ni más ni menos, podría ser uno quien quedara a miles de kilómetros de su país, con la incertidumbre de vivir bajo otras reglas, con escasos recursos económicos como para subsistir por más tiempo que el previsto. Podría ser uno madre, padre, hijo, nieto, quien quedara del otro lado de una frontera sin fecha posible de regreso. Podría ser uno quien viera hasta negada la posibilidad de una ducha con agua caliente y una cama cómoda para pasar las noches.

Un argentino varado en Sudáfrica se hace eco del reclamo ante la situación desesperante con la que lidian hace más de dos meses, cuando la mayor parte del mundo suspendió las operaciones aéreas: “Acá estamos sin dinero, sin fecha de regreso, ya van más de 60 días. La Cancillería no nos atiende el teléfono, no nos responde los mails… Dicen que van a enviar vuelos de repatriación pero no lo son: nos cobran, nos cobran el triple cuando ya tenemos pago el pasaje de regreso. Pónganse de acuerdo, están generando un desastre psicológico en la gente. Nosotros no decidimos quedarnos varados, los políticos son los que no quieren que salgan aviones o no los dejan llegar. Nosotros somos 80 argentinos olvidados, abandonados en Sudáfrica. No podemos seguir perdiendo tiempo, chocando una y otra vez contra su burocracia, solo queremos volver a casa. Volver a nuestro país, a nuestro trabajo, a nuestra familia“.

Entonces, como muestra el vídeo, podría ser uno quien se viera angustiado por llevar más de 60 días a la deriva, al no tener respuestas de las autoridades correspondientes en ofrecer alguna solución. Podría ser uno pero son un montón y, a pesar de estar juntos en una causa común, no pueden sobreponerse a las circunstancias.

Desde Intriper, acompañamos la campaña que promueve una pronta respuesta a los argentinos varados en el mundo. Los queremos en casa, cuanto antes! 💙

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