Hallan en Brasil un fósil de reptil volador que conservó detalles durante 113 millones de años

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Un equipo internacional de científicos realizó un descubrimiento sorprendente en Brasil: un fósil de pterosaurio, un antiguo reptil volador que convivió con los dinosaurios, logró conservarse de forma excepcional durante 113 millones de años, manteniendo no solo su estructura ósea en tres dimensiones, sino también rastros químicos que podrían revelar qué comía antes de morir.

La investigación, publicada en la revista científica iScience, se centró en una falange fosilizada hallada en el estado de Ceará, en el noreste de Brasil. Lo que más llamó la atención de los expertos fue el extraordinario estado de conservación del hueso, algo muy poco frecuente en fósiles tan antiguos.

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Según los investigadores, el ejemplar preservó moléculas orgánicas conocidas como esteroides, una evidencia inédita en fósiles de pterosaurios. Estos compuestos permitieron obtener pistas sobre su alimentación y respaldan la hipótesis de que estos animales se alimentaban principalmente de peces y calamares en antiguos ambientes marinos.

La autora principal del estudio, la científica Kliti Grice, explicó que el fósil funciona como una auténtica “cápsula del tiempo”, ya que conserva información química capaz de ofrecer una ventana única al pasado remoto de la Tierra.

Los pterosaurios fueron los primeros vertebrados en desarrollar el vuelo propulsado y algunas especies alcanzaban hasta 12 metros de envergadura. Sus huesos huecos, similares a los de las aves modernas, suelen ser frágiles, por lo que encontrar restos tan bien preservados resulta excepcional.

Pero el hallazgo también permitió cuestionar algunas ideas tradicionales sobre la fosilización. Durante años se creyó que la presencia de oxígeno aceleraba la destrucción de los restos orgánicos. Sin embargo, este estudio sugiere que ciertos microorganismos antiguos habrían aprovechado ese oxígeno para generar procesos químicos que ayudaron a conservar el fósil.

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La reconstrucción realizada por los investigadores indica que, tras la muerte del pterosaurio, su cuerpo quedó depositado en el fondo de un antiguo mar. Allí, bacterias especializadas comenzaron a descomponer tejidos y grasas, generando una rápida mineralización alrededor del cadáver. Este proceso actuó como una especie de sello natural que protegió la estructura del animal durante más de 100 millones de años.

Los científicos consideran que este mecanismo podría explicar otros casos de preservación extraordinaria en diferentes yacimientos del mundo y aportar nuevas herramientas para comprender cómo eran los ecosistemas que existieron mucho antes de la aparición del ser humano.

El estudio contó con la participación de especialistas de Brasil, Alemania, Estados Unidos y Australia, quienes emplearon avanzadas técnicas de imagen y análisis geoquímicos para descifrar los secretos ocultos en este fósil excepcional.

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