La medida alcanza a 26 áreas naturales protegidas y busca proteger la fauna, reducir el impacto del turismo y preservar la tranquilidad de algunos de los sitios más visitados del país.
Islandia decidió endurecer las reglas para el uso de drones en algunos de sus paisajes más emblemáticos. La Agencia de Conservación de la Naturaleza anunció que ya no otorgará permisos para vuelos recreativos ni educativos en 26 áreas naturales protegidas, una medida que generó el rechazo de fotógrafos y operadores turísticos.

La nueva normativa solo contempla excepciones para producciones comerciales de cine, televisión y publicidad, siempre que cuenten con pilotos certificados, planes de vuelo y seguros específicos.
Según explicaron las autoridades, el objetivo principal es proteger la fauna silvestre, especialmente a las aves que anidan en los acantilados islandeses. Especies como los famosos frailecillos suelen interpretar los drones como depredadores, lo que puede provocar el abandono de nidos, huevos y crías. En otras zonas, como la laguna glaciar de Jökulsárlón, también se detectó que el ruido de estos aparatos altera el comportamiento de las focas.
Menos ruido y más seguridad
Otro de los motivos detrás de la decisión es preservar la experiencia de quienes visitan los parques naturales. En lugares tan populares como las cascadas Gullfoss y Skógafoss, el constante zumbido de los drones había comenzado a afectar la tranquilidad que buscan los turistas.
Las autoridades también advirtieron sobre los riesgos de seguridad. Un dron fuera de control puede provocar accidentes entre los visitantes y, en caso de estrellarse, sus baterías de litio pueden alcanzar temperaturas muy elevadas, generando incendios que dañan el delicado musgo islandés, cuya recuperación puede llevar décadas.
Además, los drones perdidos en zonas de difícil acceso terminan convirtiéndose en residuos tecnológicos que contaminan el ambiente y, en algunos casos, incluso interfieren con operaciones de rescate aéreo.

Reclamo del sector turístico
La prohibición desató la reacción de fotógrafos profesionales y guías turísticos, quienes presentaron una apelación ante el Ministerio de Medio Ambiente. Sostienen que la medida afecta su actividad laboral y cuestionan que se permita operar a grandes producciones audiovisuales mientras se prohíbe el uso recreativo.
Como alternativa, proponen un sistema de permisos por horarios o zonas específicas, similar al que ya funciona en algunos parques nacionales del país.
Mientras el gobierno analiza la apelación, la decisión podría convertirse en un precedente para la regulación del uso de drones en espacios naturales protegidos de Europa.







