Los últimos registros muestran un aumento de la cobertura de coral duro en las regiones norte y central de Australia. Tuvalu, otro territorio señalado durante años por su vulnerabilidad climática, también ha registrado un crecimiento de su superficie emergida.La Gran Barrera de Coral de Australia volvió a mostrar señales de recuperación y los últimos datos científicos ofrecen una imagen más compleja que algunos de los escenarios más pesimistas planteados durante las últimas décadas.
El seguimiento realizado por el Australian Institute of Marine Science (AIMS) sobre 121 arrecifes muestra que la cobertura de coral duro aumentó de manera significativa en las regiones norte y central durante 2026. En el sur, en cambio, la situación permaneció prácticamente estable.
Los resultados no implican que el ecosistema esté fuera de peligro ni que hayan desaparecido las amenazas que enfrenta. Sin embargo, sí muestran que la evolución de los arrecifes presenta ciclos de pérdida y recuperación y que las proyecciones sobre su futuro deben contemplar esa variabilidad.
El norte registra el mayor crecimiento
La recuperación más marcada se produjo en la zona norte de la Gran Barrera, entre Cape York y Cooktown.
Según los datos de AIMS, la cobertura media de coral duro pasó del 30% en 2025 al 35,1% en 2026, un incremento relativo del 16,7% en apenas un año.
Además, el valor actual se encuentra por encima del promedio histórico registrado para esa región, situado alrededor del 27%.
La zona central también mostró una evolución favorable. Entre Cooktown y Proserpine, la cobertura aumentó del 28,6% al 31,6%, una mejora relativa del 10,2%.

En este caso, AIMS advierte que el incremento se encuentra dentro del margen estadístico de error. Aun así, el registro de 2026 supera ampliamente el promedio histórico de la región, que ronda el 20%.
La situación es diferente en el sector sur. Allí la cobertura descendió aproximadamente un 2%, aunque la variación también se encuentra dentro del margen de error y, por lo tanto, el escenario puede considerarse esencialmente estable.
Actualmente, esa región registra una cobertura del 26,4%, frente a un promedio histórico cercano al 29,3%.
Un ecosistema que no evoluciona de manera lineal
La distribución de los 121 arrecifes analizados también permite observar la diversidad de situaciones dentro de la Gran Barrera.
Solo tres arrecifes presentan una cobertura de coral duro inferior al 10%. Otros 64 se encuentran entre el 10% y el 30%, mientras que 42 tienen entre un 30% y un 50%. Los 12 restantes alcanzan niveles de entre el 50% y el 75%.
Estos datos no eliminan los riesgos para el ecosistema. Los ciclones tropicales, por ejemplo, pueden provocar importantes pérdidas de cobertura, mientras que la proliferación de la estrella corona de espinas, un depredador de los corales, constituye otra amenaza conocida.
Pero también ponen de manifiesto que la cobertura coralina ha experimentado fuertes oscilaciones a lo largo del tiempo.
Los registros disponibles desde la década de 1980 muestran períodos de retroceso seguidos por etapas de recuperación. Por eso, una caída puntual no necesariamente representa una trayectoria irreversible, del mismo modo que un año positivo tampoco garantiza una recuperación permanente.
Las previsiones más pesimistas
La evolución actual vuelve a poner sobre la mesa algunas de las predicciones realizadas en años anteriores.
En 2009, el científico Charlie Veron, antiguo investigador jefe del Australian Institute of Marine Science y reconocido especialista en corales, advirtió que la Gran Barrera podía encontrarse prácticamente desaparecida en unas dos décadas debido al aumento de las concentraciones de dióxido de carbono y sus efectos sobre los arrecifes.

Otros estudios posteriores también plantearon escenarios de fuerte deterioro.
Una investigación publicada en Global Change Biology, por ejemplo, proyectó que, bajo un escenario de emisiones elevadas y sin mejoras adicionales en la gestión, la cobertura media de coral de la Gran Barrera podía reducirse hasta aproximadamente un 3% en 2050.
La realidad observada hasta ahora es diferente a ese escenario extremo. Eso no significa que aquellas proyecciones hayan sido una descripción del futuro inevitable, sino que los ecosistemas coralinos han mostrado una capacidad de recuperación y una dinámica que resulta más compleja de lo que sugieren algunos modelos simplificados.
Tuvalu también ofrece una imagen más compleja
El caso de Tuvalu constituye otro ejemplo de cómo la evolución ambiental de determinados territorios no siempre coincide con la imagen más sencilla que se instala en el debate público.
El pequeño Estado insular del Pacífico suele aparecer como uno de los territorios más vulnerables al aumento del nivel del mar. Su escasa elevación sobre el océano lo convierte efectivamente en un lugar particularmente expuesto a inundaciones, erosión y salinización.
Sin embargo, un estudio publicado en la revista Nature analizó la evolución de 101 islas de Tuvalu entre 1971 y 2014 y encontró que la superficie terrestre total había aumentado.
Durante ese período, el nivel del mar en la zona creció alrededor de 3,9 milímetros por año, aproximadamente el doble de la media mundial. Pese a ello, las islas estudiadas ganaron en conjunto unas 73,5 hectáreas de superficie, equivalentes a un crecimiento del 2,9%.
Ocho de los nueve atolones analizados aumentaron su superficie y 73 de las 101 islas estudiadas registraron un crecimiento del terreno emergido.
Ganar superficie no significa estar fuera de peligro
El dato puede resultar llamativo, pero no significa que Tuvalu haya dejado de enfrentar problemas relacionados con el cambio climático.
Una isla puede aumentar su superficie total y, simultáneamente, experimentar erosión en determinadas costas, inundaciones, pérdida de agua dulce o salinización de los suelos.
Los atolones son sistemas dinámicos. Mientras algunos sectores pierden sedimentos, otros pueden acumularlos, modificar su forma y ampliar su superficie.

Por eso, los investigadores plantearon que los resultados cuestionan la idea de que estas islas estén destinadas necesariamente a perder territorio de manera uniforme y constante a medida que aumenta el nivel del mar.
La adaptación humana también juega un papel cada vez más importante.
Tuvalu también está creando nuevo terreno
En 2025, el Gobierno de Tuvalu finalizó en Funafuti un proyecto destinado a crear aproximadamente ocho hectáreas de nueva superficie elevada.
La obra formó parte del Tuvalu Coastal Adaptation Project y contó con una inversión de unos 17,5 millones de dólares, financiada con apoyo de Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos.
El nuevo terreno fue diseñado para situarse por encima de los niveles previstos de inundación y permanecer protegido frente al aumento del nivel del mar durante las próximas décadas.
El país también desarrolla defensas costeras y otros proyectos destinados a recuperar o elevar terrenos y trasladar determinadas infraestructuras hacia zonas más seguras.
La historia de Tuvalu, al igual que la evolución de la Gran Barrera de Coral, muestra que los efectos ambientales no siempre siguen una línea sencilla. El nivel del mar continúa aumentando y los arrecifes siguen enfrentando amenazas importantes, pero los ecosistemas y las sociedades también presentan mecanismos de adaptación y recuperación que deben incorporarse al análisis.
Más que confirmar o descartar de manera definitiva los escenarios climáticos, estos casos muestran la necesidad de observar series de datos prolongadas y realidades locales para comprender cómo evolucionan ecosistemas especialmente sensibles.








