Cada año, la llegada de las ballenas francas australes a las costas de Mar del Plata regala un espectáculo natural que atrae la atención de residentes y turistas. Sin embargo, especialistas advierten que este fenómeno debe disfrutarse con responsabilidad para evitar alterar el comportamiento de estos gigantes del mar.
La investigadora del CONICET y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Gisela Giardino, lanzó un mensaje claro para quienes buscan acercarse a los animales: “Mar del Plata solo mira”. La recomendación apunta a evitar cualquier tipo de aproximación con embarcaciones que pueda perturbar a las ballenas durante su paso por la región.

Aunque hoy los avistamientos son cada vez más frecuentes, la presencia de la especie en la zona no es algo nuevo. Los primeros registros científicos datan de finales de la década de 1960, pero en los últimos años los investigadores observaron un cambio notable. Ya no se trata únicamente de ejemplares aislados, sino también de grupos completos e incluso comportamientos asociados al cortejo y la reproducción.
Según explican los especialistas, Mar del Plata ocupa una posición estratégica dentro de la ruta migratoria de la especie, situada entre las áreas reproductivas del sur de Brasil y la Patagonia argentina. Por ello, la ciudad funciona como un punto de paso donde las ballenas pueden ser observadas desde la costa sin necesidad de interferir en su recorrido.
Los científicos destacan que este privilegio permite contemplar a los animales desde playas y miradores costeros, evitando cualquier acercamiento que pueda causarles estrés. Además, recuerdan que la ballena franca austral posee una de las máximas categorías de protección ambiental del país al haber sido declarada Monumento Natural, una figura reservada para especies de altísimo valor ecológico.

La medida busca garantizar la recuperación de una población que estuvo al borde de desaparecer debido a la caza comercial. Durante siglos, estos cetáceos fueron perseguidos intensamente porque se desplazaban a menor velocidad y resultaban más fáciles de capturar que otras especies.
Por eso, mientras los avistamientos continúan multiplicándose frente a las costas bonaerenses, los expertos insisten en una consigna simple: disfrutar del espectáculo desde tierra firme y permitir que las ballenas sigan su camino sin interrupciones. Un gesto pequeño que ayuda a proteger uno de los encuentros más fascinantes de la naturaleza argentina.








