No fue solo “un accidente increíble”: fue una cadena de atención médica que le salvó la vida
Lo que ocurrió en Pavones, Costa Rica, fue presentado por algunos medios como una historia casi imposible de creer: un surfista extranjero herido por un pez mientras estaba en el mar. La nota original de Intriper informó que el hombre sufrió una lesión grave en el pecho mientras practicaba surf en Playa Pavones y que luego fue trasladado para recibir atención especializada.
Pero detrás del titular impactante hubo otra historia: la de un equipo de salud que actuó contra el tiempo y que, en conjunto, hizo posible que ese paciente pudiera seguir con vida.
Según el relato de personal vinculado a la atención, se trataba de un hombre de 44 años que se encontraba surfeando en Pavones durante su último día de vacaciones. Cerca de las 10:30 de la mañana, un pez aguja se incrustó en la zona derecha de su tórax, cerca del esternón.

Tras el incidente, sus dos amigos, que también estaban surfeando, lo llevaron primero a un centro médico privado de la zona. Allí recibió medicación para el dolor y el malestar. Sin embargo, con el paso del tiempo su condición comenzó a empeorar: su oxigenación bajaba y su estado general se complicaba.
Ante esa situación, decidieron trasladarlo a la clínica de La Cuesta, ubicada aproximadamente a 45 minutos de Pavones. Allí se intentó estabilizarlo, pero el cuadro continuó agravándose. Fue entonces cuando se activó el traslado en una ambulancia de la Caja Costarricense de Seguro Social, en condición delicada, hacia el Hospital de Ciudad Neily.
En el hospital, el equipo de Urgencias ya lo esperaba en sala de shock. El abordaje fue inmediato: personal de enfermería canalizó vías, se realizaron radiografías de tórax y no se evidenció neumotórax. Sin embargo, la gravedad real de la lesión apareció con un ultrasonido cardíaco POCUS: el paciente presentaba un gran derrame pericárdico y una perforación en la aurícula derecha del corazón.
El hallazgo fue comunicado de inmediato al emergenciólogo del hospital, quien contactó al cirujano de guardia. La decisión fue urgente: preparar al paciente para llevarlo a sala de operaciones.
Ya en quirófano, el paciente entró en paro cardíaco. En ese momento, el equipo realizó una toracotomía de emergencia. El cirujano inició masaje cardíaco directo —literalmente, con el corazón en sus manos— mientras el resto del personal de sala de operaciones, anestesia y médicos asistentes trabajaban de forma coordinada para sostenerlo con vida.
Durante la intervención se realizó la sutura de la perforación de la aurícula derecha, una rafia cardíaca llevada a cabo mientras el corazón seguía latiendo. Tras lograr estabilizarlo, se coordinó su traslado aéreo al Hospital San Juan de Dios, acompañado por personal médico y de enfermería.

El paciente fue entregado en la Unidad de Cuidados Intensivos de ese centro en condición estable, aunque delicada. De acuerdo con la actualización compartida, actualmente se encuentra en el salón de cardiología, estable, en recuperación y fuera de peligro por el momento.
Más allá de la espectacularidad del caso, el mérito no recae en una sola persona ni en una escena aislada. Fue el resultado del trabajo conjunto de médicos, enfermeros, personal de aseo, seguridad, asistentes de pacientes, operadores de ambulancia, personal de sala de operaciones, anestesia y equipos de traslado.
Desde la clínica de La Cuesta hasta el Hospital de Ciudad Neily, y luego en la coordinación hacia San José, cada eslabón fue clave.
Esta historia no debería contarse solo como la de un surfista atravesado por un pez en Costa Rica. También debería contarse como la historia de un sistema público de salud que respondió, de un equipo que actuó con precisión en una emergencia extrema y de muchas personas que hicieron posible que un extranjero pudiera contar una historia más.
Porque no siempre basta con creer lo que publican los titulares. A veces, la verdadera noticia está en quienes salvaron la vida cuando las cámaras no estaban mirando.








