15 días en bici por el Río Chubut en la Patagonia Argentina

16 min


En sus más de 800 km de recorrido, el Río Chubut atraviesa varias regiones y localidades de especial interés arqueológicos, étnicos, culturales, turísticos y geológicos. Una aventura en bicicleta me llevó, con mi mujer, a recorrer el curso medio de este río, unos 550 km. Un camino de ripio acompaña al río que le da nombre a esta provincia patagónica, en su lenta bajada hacia el mar. En el curso medio el río toma dirección Sudeste, pasa por Piedra Parada y luego gira al Este en Paso de Indios, la ruta 12 que lo bordea a partir de ahí es asfaltada y mantiene esa dirección hasta su desembocadura en Playa Unión, puerto de Rawson, capital de la Provincia. Las precipitaciones son muy escasas y no alcanzan a formar cursos de agua permanentes, sólo escurre a través de cañadones que forman cursos de tipo temporario. En este artículo te cuento un cuento, que en esencia es parte de nuestra historia.

MountainBike en Patagonia
En las afueras de El Maitén rumbo a Cushamen

Un buen día, después de años de “vagamundiar”, de viajar por más de dos décadas consecutivas tratando de encontrarme, me hallé. Por lo menos hoy , casi 20 años más tarde, todavía así lo creo. Un día a los treinta y pico, me empecé a dar cuenta que la búsqueda más intensa fue la de mi mismo y que mi efervescencia compulsiva estaba amainando. Viví una maduración lenta, donde trastabillé decenas de veces y entre ingenuidad, desconocimiento, pasión y arrebatos, me mandé mil cagadas. Ofendí egos ajenos, por lo cual aprovecho para pedir disculpas, pero mi inamovible necesidad de encontrar el rumbo de mi vida, me hizo chocar con las reglas establecidas más de una vez, paredones construidos de creencias y convicciones inflexibles. Una enceguecedora autorreferencia siempre me hizo escurrirme de los preceptos y los mandatos del pasado, obsoletos dictámenes del destino, para ver que me decía el siempre fresco y renovado futuro.

Pedaleada transpatagonica
En las afueras de El Maitén rumbo a Cushamen

En aquél momento de mi encuentro conmigo, también apareció, Cecilia, que a la vez estaba en su propia búsqueda personal. Desde entonces es mi compañera inseparable de los últimos 16 años, con quien viajé y todavía lo hago. Siempre le digo que llegó para los postres, porque desde que nos juntamos se alinearon los planetas y dejaron el errático camino, al coincidir en un orden armónico para ambos. Como ya sabrás si leíste alguno de los artículos que ya escribí acá en Intriper, antes de esta pedaleada anduvimos por el caribe durante 3 años. Dejamos nuestra Argentina natal, baqueteada y sin perspectivas para nosotros. Todos los palos en las ruedas que nos puso el sistema y las personas que lo manejaban, en los proyectos en nuestro país, nos sirvió para darnos cuenta que si volavamos, esos palos tirados en el suelo no nos entorpecería el andar.

Recodo del rio Chubut
Cerro Cóndor, en un recodo del Río Chubut

Fue facil, pusimos en práctica el desapego, nos subimos a un avión y aterrizamos en otra parte del mundo. Empezamos a hacer fotografía y páginas web en hoteles y a trabajar con fundaciones ecológicas en varios países de centroamérica y el caribe y nos empezó a ir muy bien. Tan así fue que volvimos a Argentina a saludar a la familia y a vender un terreno en Puerto Pirámides con un proyecto parado por la burocracia provincial, para hacer un pequeño hotel. Al llegar vimos un país que empezaba un ciclo de recuperación y nos tentamos en seguir con el proyecto del hotel después que nos aseguraron que nos habilitaban a construir. Decidimos, quedarnos en Argentina y comenzar la construcción del Primer hotel ecológico de Argentina.

del otro lado del Rio Chubut en Piedra Parada
del otro lado del Río Chubut en Piedra Parada

¿Que tiene que ver todo esta historia romántica con una pedaleada por el Río Chubut? Espera, tranqui… todo se hilvana en la historia.
Antes que nada le dije a Ceci: Si nos vamos a poner a construir un hotel, olvidemos de viajar y seguir nuestro deambular por el mundo. Nos vamos a tener que quedar clavados en Península Valdés por un largo tiempo.
Me parece que tendríamos que llegar bien despacito. Disfrutar de la libertad que aprendimos a recorrer. ¿Qué te parece si cruzamos la patagonia argentina en bicicleta? Mientras conocemos parte de la provincia de Chubut, por sus caminos de ripio, sus pueblos y nos internamos en el corazón de la región para llegar en un viaje simbólico sin motor, sustentable a Puerto Pirámides.

Pedaleando en el ripio patagónico
Cecilia pedaleando en el ripio patagónico

Le pareció un desafío importante y me dijo:
–  Sí, todo muy lindo, pero yo no puedo pedalear ni hasta la esquina…
– No te preocupes, tomemos al tiempo como un factor a favor, entrenamos y lo hacemos.
Armamos la logística necesaria y nos instalamos en la casa de mi madre, en Villa La Angostura, Patagonia Argentina, pero del lado de la Cordillera de los Andes, no de la Costa Atlántica. Un lugar que conocíamos muy bien y entre sus montañas, empezamos a entrenar, primero 10, después 15 y al final 30 kilómetros, todos los días durante 3 meses entrenamos varias horas. Mientras tanto, en los horarios libres, a través de emails y llamadas telefónicas, poníamos en marcha el proyecto de la construcción del Eco Hotel del otro lado de la patagonia.

Panoramica de el Rio Chubut en Piedra Parada
Panoramica de el Rio Chubut en Piedra Parada

Claro, entrenar en la montaña, donde todo es subida, te prepara para poder atravesar la estepa patagónica sin problemas. Porque en una geografía de montañas, las bajadas son muy rápidas y fugaces y terminan siempre en la próxima interminable subida y otra vez a pedalear y pedalear cuesta arriba. El músculo más difícil de entrenar de todos es el cerebro. El cuerpo acompaña, pero la cabeza tiene que comprender el concepto y dejarnos de taladrar con los pensamientos de siempre; estoy cansado, que hago acá, para que hago esto, tengo frío, me parece que no voy a poder, y si se pincha una rueda, etc, etc.

Pedaleando por Chubut
Cecilia pedaleando en el ripio patagónico

Bueno, una vez que llegó el día de la partida, mamá Ana y Adrián, su pareja, nos llevaron en camioneta desde Villa La Angostura, provincia de Neuquén hasta El Maitén, provincia de Chubut, 235 km. Un empujón importante, porque salir desde VLA implicaba transitar la ruta Nacional 40 donde pasan camiones gigantescos y todo tipo de vehículo pesado o liviano y contrastaba con el espíritu del viaje. La idea era disfrutar de la naturaleza y la paz de uno de los ríos menos transitados del mundo. Llegamos al Maitén el 2 de Marzo, donde hicimos noche en un hotel y al otro día armamos bien temprano las bicis con el portaequipaje, las alforjas y los 30 kg de peso en cada bici, carpa, ropa, cámara fotográfica, con lentes, marmita, parches y el kit de reparaciones para cualquier inconveniente.

Pedaleada transpatagonica -
Cruzando uno de los puentes del Río Chubut después de salir de Fofo Cahuel

Empezábamos la travesía en una época ideal, porque si bien en el calendario todavía es verano, en estas latitudes se siente sin la intensidad de enero y febrero. Los días pasan a tener una temperatura muy agradable y sin ser tan largos como los meses anteriores, tienen el atardecer después de las siete de la tarde. Hora, donde todo nuestro ser, ya quería estar en reposo. Y ni hablar que un mes  después, en abril el frío empieza a notarse, sobre todo a la noche y con días más cortos el viaje se hace crudo. Por eso comienzos de marzo es una fecha óptima para empezar cualquier aventura por estas latitudes.
Salimos de El Maitén, pero no sin antes pasar por su estación de tren, donde estaba por salir La Trochita, conocida mundialmente por ser el Viejo Expreso Patagónico, una línea de ferrocarril a vapor, que unió las provincias de Río Negro y Chubut, en el cual la trocha, la distancia entre los carriles de la vía es de apenas 75 cm. Hoy en día tiene salidas turísticas y justo fue ese día.

La trochita tren de trocha angosta
La Trochita en El Maitén

El objetivo de la jornada era llegar a una localidad más interna de la provincia y sin acceso por asfalto, Cushamen. Unos 80 km nos separaban y allá fuimos, poco a poco pedaleando en subida empezamos a atravesar  unas sierras, una conglomeración de nubes bajas le daban un carácter medio lúgubre al paisaje. Avanzamos tal vez unos 15 km y 3 cóndores nos miraban posados en unas rocas. Al no conocer el camino, no sabíamos muy bien que nos esperaba más adelante, si subidas o bajadas. Pero lo que sí sabíamos era que hacia el Este la Patagonia desde la cordillera al mar es cuesta abajo. Tiene en promedio una pendiente de 1 o 2 metros por kilómetro, es decir, en líneas generales íbamos en bajada. el destino final Puerto Pirámides o Puerto Madryn están a nivel del mar y El Maitén a 1.377 metros sobre ese nivel. Saber que el viaje iba a ser en bajada era un aditivo importante y lo mejor es que no era el único, los vientos predominantes en la patagonia son de Oeste a Este, por lo tanto pedaleábamos en bajada y con viento a favor.

Mapa de la pedaleada por Chubut
Estudiando el mapa en el hotelito de Cushamen

El viaje hasta Cushamen fue muy duro, sobre todo para Cecilia, el camino tenía subidas y yo le había vendido que era todo bajada… y la llovizna persistente, nos taladraba la mente. Como con el diario del lunes todo es más fácil, ahora te lo cuento como algo que ya pasó, pero en ese momento y en esas situaciones, un kilómetro de mas era desmoralizante, porque en realidad la ruta marcaba los kilómetros sin mucha exactitud incluso había un cartel que decía que faltaba tanto y después de varios kilómetros adelaante otro ¡¡¡Marcaba que faltaba más en vez de menos!!! En parajes donde no pasa nadie y el camino de ripio y montaña es todo curva y contracurva, sin dejarte ver el destino viajas sin saber cual es la última curva, realidad que convierte a la cabeza en un adoquín insoportable. Si por lo menos hubiese pasado un auto o alguien a caballo…

Camino de ripio patagonico
El camino de ripio, al fondo a nivel de la ruta los sauces y álamos que bordean el rio Chubut

Como para que te imagines, la soledad de estos parajes, en todo el recorrido que duró el viaje por ripio, unos 13 días ¡¡Nos cruzamos con 5 autos!!
Pero bueno, ya estábamos en el baile, no podíamos aflojar. De todos modos la idea era pedalear mucho menos por día y en algún momento, alejándonos de la zona cordillerana, todo tenía que ser más plano y en bajada. Íbamos sin apuro, no teníamos fecha de llegada, esa era otra aliciente. El objetivo era flexible, nuestra ambición era llegar a Puerto Madryn para el 18 de Marzo fiesta de cumpleaños de nuestra amiga y arquitecta del Proyecto del Hotel Sustentable, Rosario Payer.

Cenando en Cushamen
Cenando bien temprano en Cushamen

Llegamos a Cushamen, hechos sopa, muy cansados y bajos de ánimo. Aprovechamos estar en un pueblito para dormir en un pequeño hotel y en el cuarto empezamos a trazar el recorrido en nuestro mapa, la carta de navegación, indispensable a la hora de ver las metas diarias cumplidas de un objetivo mayor, era un alimento motivacional importante. Cenamos bien temprano, en uno de los pocos restaurantes del lugar, unos churrascos con papas fritas, para no perder ni proteínas ni la costumbre. De ahí derechito a desmayamos bien temprano, no sin antes pasar por una ducha de agua tibiecita que era lo que había.

Empezamos el segundo día con sol, el rumbo era un paraje a 56 km, en realidad no sabíamos hasta dónde llegaríamos pero el destino fue una escuela rural donde los chicos llegan de campos alejados y duermen ahí, es un internado, el nombre del sitio Fofo Cahuel. Pero voy a hacer un salto para atrás en el cuento.
Mientras estuvimos en VLA con el proyecto del hotel y con un foco muy consciente de construirlo para que sea funcionalmente ecológico, encontramos en internet un artículo que hablaba casualmente de unas casas con un desarrollo muy interesantes en Fofo Cahuel, lo leímos todo, pero no teníamos intenciones de buscar donde estaban, en bicicleta y con 30 kg encima, no daba para desviarse por alguna ruta para ver si encontrábamos las casas. Nunca nos imaginamos que íbamos a pasar delante de ellas.

Casa Ecologica en fofo cahuel
Mario Martín y su Casa Ecológica en Fofo Cahuel

El asunto es que las casas se veían de la ruta, eran iguales a la foto que vimos en el artículo, agarramos el camino de bajada y encaramos para hacerles una visita. Golpeamos las manos y salió Mario Martín, uno de los propietarios de las casas y le explicamos que queríamos construir de forma sustentable y que habíamos leído sobre su casa en internet por supuesto nos invitó a pasar. Se reía porque lo habían ido a ver muchas personas, pero nunca nadie en bicicleta. Él y su familia muy amables, nos convidaron a almorzar y a conocer la casa. Maravillosa la sencillez y la lógica que usaron para construir. Nos mostró el horno solar, los colectores solares para calentar el agua, el muro trombo, la orientación, la huerta interna y detalles fantásticos y simples que nos sirvieron para entender que lo importante es el sentido común antes que los diplomas. Nos despedimos y seguimos nuestro camino hacia la escuela rural de Fofo Cahuel, distante unos 18 km. O sea unas 2 ó 3 horas.

Acampe en Fofo Cahuel
Preparados para pasar la noche en el Internado de Fofo Cahuel

Nos faltaba una hora para llegar y unas nubes negras nos bautizaron mientras llegabamos al reparo del único techo para protegernos del aguacero, el porche del colegio. Estábamos con frío y mojados, golpeamos la puerta de vidrio y del otro lado se asomaron unas mujeres con cara de susto. como si hubiesen aparecido 2 marcianos. Haciéndonos señas fueron a llamar al director, que abrió un poco la puerta como para atendernos rápidamente, y volverla a cerrar, de adentro salió un calor tremendo, tenían tiro balanceado por todos lados, estaban por empezar las clases en 2 días. Todo listo para empezar, los profesores y todo el equipo, cocineras y un arsenal de personas que trabajan para que a los chicos no les falte nada.

maestro en fofo cahuel
Amanecer en Fofo Cahuel, con un Maestro que era de mi Morón, mi ciudad natal.

Pero no había alumnos, pensamos que lindo sería que nos dejen dormir en un par de las decenas de camas cuchetas que tienen ahí adentro, pero la parquedad ganó la pulseada, le pedimos al director si por favor podíamos calentar agua para tomar unos mates afuera y haciendo alarde de una generosidad inusitada nos permitió ir con las cocineras para que nos calentaran agua. Por suerte nos dejaron dormir en la entrada, porque el clima estaba tormentoso y sin mucho reparo la estepa se pone áspera. Armamos la carpa a lado de un tiraje de un calefactor y colgamos la ropa cerca de él para que se seque.
Al día siguiente amaneció soleado, nos dejaron pasar al baño y calentar nuevamente agua. Mientras mateábamos y desarmábamos campamento, apareció un maestro, Leonardo Montorfano, a hablar con nosotros. Muy buena onda y entre charla y mate nos contó que era de Morón.
– ¿De Morón, Provincia de Buenos Aires?, pregunté.
– Sí, ¿Por?
– Porque yo nací y me crié allí.
Bueno, para que… teníamos un montón de conocidos en común, había estudiado en el colegio Dorrego, a la vuelta del mío y fue una emoción inesperada, encontrar donde menos lo esperábamos un viejo vecino. Hecho que me enorgulleció, maestro rural, más que una profesión es un vocación de verdadera entrega. Después de un rato de charla nos despedimos como viejos amigos y con Ceci, seguimos nuestro viaje.

Salida de Fofo Cahuel
Salida e Fofo Cahuel hacia Piedra Parada

Ahora la nueva meta era Piedra Parada, un monolito de 285 metros de altura por 100 de ancho, colocado por la naturaleza al costado del río que desde 2006, es un área natural protegida de 132 ha. A partir de allí el río sigue con unos cañadones de asombrosas formaciones geológicas un pequeño cañón del colorado patagónico. El camino empezó a estar junto al río, los sauces y los lugares para acampar se presentaban a cada momento.

Piedra parada
Nuestra foto en Piedra Parada

Hicimos varias paradas, una de ellas para almorzar, sacamos la marmita y con el agua del río, la cual bebíamos sin problema, al igual que todos los pobladores de la zona, cocinamos unos fideos, una pequeña fogata con ramitas secas era suficiente. Ese sistema de cocción lo usamos de acá en adelante cada vez que acampábamos, parábamos para almorzar, o cenar. A 200 metros de Piedra Parada hicieron un puente para cruzar al otro lado, fundamental para los pobladores de la zona. Muchos de los que viven de la margen del río contraria a la ruta, dejan su vehículo bajo los sauces y cruzan a sus casas en bote a remo.

Acampe al margen del rio Chubut
Amaneciendo a orillas del Río Chubut

De acá seguimos a Paso del Sapo, un pueblo  de lo más importante en la zona. Después de pedalear por la estepa con mucho viento y todos llenos de arena, quisimos dormir en el único hotelito de la zona, pero la dueña nos echó, muerta de risa, no nos iba a dejar entrar. Ni almuerzo nos quiso servir, porque le íbamos a ensuciar todo…
La crudeza del clima y la vida en general, hace que haya gente que no sea muy amable, a veces se pasan de parcos y desconfiados. Pero bueno, después de dormir junto al río volvimos al pueblo por la mañana, a un locutorio para ver los e-mails. Resultó que la dueña, sí se interesó por nuestra presencia y comenzamos a charlar, le dijimos hacia donde íbamos y nos comenta que sus padres, que en ese momento estaban ahí en su casa, viven 40 km en dirección a nuestro próximo destino. Nos los presentó y con gran interés nos invitaron a dormir en su casa. Para allá arrancamos y 3 horas después pasaron ellos, Don Evaristo y su señora Elsa, que nos querían cargar las bicis atrás en la camioneta y nos decían, no hay problema, no hagan tanto esfuerzo, nadie se va a enterar, suban. Unos divinos, pero no, la idea era disfrutar del entorno sin ruidos, y con el corazón bombeando con entusiasmo vital.

Familia Fernandez en Gorro Frigio
Doña Elsa y Don Evaristo Fernandez, familia amiga de Gorro Frigio

Gorro Frigio se llama la zona, allí nos quedamos dos días. Muy amablemente, esta gente humilde nos daba todo con un cariño increíble. En estos parajes, no hay teléfono mucho menos internet, las comunicaciones son a través de una radio VHF y la radio AM, con esas dos tecnologías se comunican entre los poblados de la zona. Por ejemplo si ellos le tienen que avisar algo a su hija, llaman con el VHF a una central que les toma el recado y 5 veces en el día hay un programa de Radio AM en LU20 que se llama Mensajes para el Poblador Rural, y ahí transmiten al aire los mensajes. Generalmente dicen, Mensaje para Fulano: Sultano dice que va a ir a su campo, por favor deje la tranquera sin candado. Mensaje para Mengano: Pancho dice que perdió el colectivo y no va a llegar hasta el otro día. Es por eso que dentro de los quehaceres de la gente local, está sentarse junto a la radio en el horario de ese programa para enterarse si hay mensaje para ellos y de paso conocer las novedades del gran vecindario provincial.

patagonia
Don Evaristo con su hermano en su campo en Gorro Frigio – Chubut

La vida en campos tan alejados es muy difícil, por eso muchos de los hijos y nietos de esta gente, no le dan seguimiento a estos emprendimientos rurales. En la foto de arriba está Don Evaristo con su hermano que pasó a saludar, vino a caballo 15 km, desde su campo. Ellos heredaron junto con otros hermanos, de sus padres 6.000 hectáreas de campo, cada uno. Una cantidad enorme de tierra, incluso la porción que recibió Don Evaristo tiene 10 km de río, en un lugar increíble. Pero la tierra acá es muy árida, para lo único que sirve es para criar ovejas, la característica principal es que por el régimen de lluvias, las plantas no abundan ni crecen lo suficiente y necesita 6 hectáreas por oveja. La cuenta da que solo puede criar 1.000 ovejas y con ese número de animales no le alcanza ni para pagarle a un peón que lo ayude. Es increíble que tenga tanta riqueza y a la vez no le permita tener una vida más acomodada. Una camioneta vieja, un calefón a leña, una cocina económica y no mucho más, es lo que tienen.

Paisano patagonico
Un puestrero amigo de la familia Fernandez

También pasó un puestero a caballo de un campo alejado, a quien conocen desde que era pibe. Le dieron un lugar para dormir, porque estaba yendo a Paso del Sapo a hacer algunas diligencias. Aproveché para hacerle este retrato, con el cerro de fondo, que da nombre a la región Cerro Gorro Frigio, bautizado así por la similitud con aquel gorro rojo en forma de bolsa con el extremo caído a un lado o detrás que se tomó como emblema de libertad por los revolucionarios franceses de 1793 y luego por los republicanos españoles.  También fotografié a la cabra que tenían como mascota en la casa llamada Guacha.

Cabra patagonica
La cabra mascota de Don Evaristo y Doña Elsa

Bueno, seguimos recorriendo este río maravilloso, bañándonos en sus aguas, bebiéndola y sin parar de agradecer la posibilidad que nos dimos al elegir esta aventura como comienzo de una nueva etapa en nuestra vida. Después de varios días, llegamos a la ruta 25 la asfaltada que une Teka con Trelew y que corre de Este a Oeste, fue una pista, hicimos cerca de 50 km sobre asfalto y con viento de cola, íbamos a 41 km por hora sin pedalear, era muy relajado, parecía que las bicis tenían motor. Llegamos hasta Los Altares, un pueblo por el que ya habíamos pasamos varias veces, en esa ruta ya conocida por nosotros.

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Paisaje típico del Río Chubut

Acampamos junto al río nuevamente, al otro día salimos temprano hacia el próximo pueblo, a 100km Las Plumas. También con viento a favor, íbamos rápido, pero los autos nos pasaban a una velocidad tremenda, algunos seguro iban a más de 200 km por hora. En esta ruta a medida que nos acercabamos a Trelew eran mas los vehículos que circulaban, no los llegábamos a escucharlos, aparecían de repente y cuando pasaban nos dejaban temblando. Veníamos del camino de ripio, muy tranquilos y salimos a una pista de carreras. Ni bien llegamos a Las Plumas decidimos seguir en colectivo hasta Puerto Madryn, porque la idea era disfrutar y no sufrir por una decisión inamovible. A las 4 de la mañana pasó el colectivo que estuvo a punto de no llevarnos por la cantidad de bártulos y las bicis, pero por suerte, el chofer se apiadó y viajamos.

Ultimo acampe en Las Plumas antes de tomar el colectivo a Puerto Madryn
Ultimo acampe en Las Plumas antes de tomar el colectivo a Puerto Madryn

Llegamos a Trelew donde cambiamos de ómnibus y seguimos a Puerto Madryn. El 18 marzo antes del mediodía, para el cumpleaños de nuestra amiga Rosario, estábamos en la primera llegada, festejando con amigos y divirtiéndonos muchísimo, era todo una gran alegría. Dos días después decidimos seguir los 100 km que faltaban hasta Puerto Pirámides, nuestro destino final. Fuimos escoltados por Mauro el esposo de Rosario y Director Obra de la construcción del Hotel y por Mario un vecino de Puerto Pirámides que se dedica profesionalmente a hacer guiadas de Mountainbike con su empresa Tracción a Sangre. En 6 horas llegamos al obrador que nos esperaba para empezar a construir Del Nómade un Eco Hotel que hizo y sigue haciendo historia. Por supuesto que no nos olvidamos y desde el locutorio del pueblo llamamos a la Radio LU20 para el programa Mensajero Rural y dejamos un mensaje: “Para Don Evaristo y Doña Elsa de Gorro Frigio, Cecilia y Alejandro dicen que llegaron bien a Puerto Pirámides”.

Bueno, nos vemos en la próxima!

Alejandro Avampini


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Alejandro Avampini

Desde hace 25 años la fotografía de naturaleza y culturas me da excusas para viajar y maravillarme en este mundo infinito y retratarlo en alguna de sus manifestaciones. Después de algunos años, de vivir y de sentirme parte de Puerto Pirámides, decidí crear un hotel pensado para amigos de la tierra. “Tener un lugar donde recibir a gente con espíritu de aventura y respeto por el planeta, fue la motivación que generó Del Nómade Eco Hotel en Península Valdés, Patagonia Argentina.“ Galardonada con el primer premio en el primer concurso de Hoteles mas Verdes de Argentina.

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