Cada primavera, enormes máquinas quitanieves comienzan una tarea tan espectacular como necesaria en los Alpes franceses: despejar los históricos puertos de montaña que permanecen enterrados bajo metros de nieve durante el invierno. Sin embargo, quienes realizan este trabajo aseguran que algo está cambiando y que cada año hay menos nieve que retirar.
Uno de los casos más representativos es el de Col du Galibier, uno de los pasos de montaña más famosos de Europa y escenario habitual del Tour de Francia. Durante décadas, los operarios llegaron a encontrar acumulaciones de hasta 14 metros de nieve, pero ahora observan una reducción progresiva en los espesores invernales.

Según los trabajadores encargados del mantenimiento de las rutas alpinas, fenómenos que antes eran habituales comienzan a desaparecer. Uno de ellos es la formación de grandes cornisas de nieve en las zonas más elevadas, estructuras que históricamente debían ser eliminadas con explosivos para evitar riesgos. Este año, en algunos sectores ni siquiera fue necesario realizar esa tarea debido a la escasa acumulación.
Las labores de apertura de los puertos siguen siendo complejas y exigen una gran precisión. En condiciones de mal tiempo, la visibilidad puede reducirse a apenas unos metros, lo que obliga a los conductores de las máquinas a avanzar guiándose por su experiencia y conocimiento del terreno.
Más allá de las dificultades, el trabajo también ofrece escenas únicas. Durante las tareas de despeje suelen aparecer marmotas y rebecos, especies características de los Alpes que aprovechan la llegada del buen tiempo para abandonar sus refugios invernales.

La apertura gradual de estos caminos marca el inicio de la temporada turística de verano, cuando miles de visitantes llegan a la región para recorrer las montañas, practicar senderismo o presenciar el paso de las etapas más emblemáticas del Tour de Francia.
Aunque los paisajes siguen conservando su espectacular belleza, la disminución de las nevadas se suma a las señales que muestran cómo el cambio climático está transformando lentamente algunos de los entornos montañosos más icónicos de Europa.








