Los incendios forestales que afectan al suroeste de Francia y al centro de España obligaron a evacuar a más de 200.000 personas y mantienen en alerta máxima a ambos países. Las llamas, impulsadas por las altas temperaturas y el viento, avanzan sin control y ya destruyeron viviendas, campings y miles de hectáreas de bosque.
En Francia, el Ministerio del Interior informó que unas 141.000 personas fueron evacuadas de los departamentos de Gironda y Landas. El foco más preocupante se originó cerca de la península de Cap Ferret y ya consumió alrededor de 140 kilómetros cuadrados, mientras avanza en dirección al área metropolitana de Burdeos. Las autoridades confirmaron la destrucción de al menos 53 viviendas, un camping y decenas de bomberos heridos durante las tareas de combate.

Ante la magnitud del desastre, el presidente Emmanuel Macron activó la respuesta de crisis del Gobierno y solicitó asistencia a la Unión Europea. Como parte del apoyo internacional, Francia recibirá aviones hidrantes y helicópteros enviados por Croacia, Portugal, República Checa y Eslovaquia. Las autoridades creen que los incendios registrados en territorio francés fueron provocados de manera accidental.
En España, la situación también es crítica. El Gobierno declaró por primera vez el estado de emergencia nacional por incendios forestales luego de que unos 60.000 habitantes debieran abandonar sus hogares en Madrid y la provincia de Ávila. Además, otras 20.000 personas recibieron la orden de permanecer confinadas mientras continúan las tareas para frenar el avance del fuego.
Las llamas cerca de Madrid ya fueron calificadas como el peor incendio de la historia de la región por la presidenta Isabel Díaz Ayuso. En Ávila, otro foco consumió cerca de 90 kilómetros cuadrados y la Guardia Civil investiga si una chispa generada por maquinaria pesada provocó el incendio.

España también solicitó ayuda internacional y recibirá aviones hidrantes enviados por Italia y Grecia, mientras unos mil soldados colaboran en las tareas de extinción. El país atraviesa uno de los veranos más devastadores de su historia reciente: solo en 2026 ya se quemaron más de 1.140 kilómetros cuadrados, una superficie cinco veces superior a la registrada durante el mismo período del año pasado.
Especialistas señalaron que, además de la ola de calor y el cambio climático, el abandono de tierras rurales favorece la propagación de incendios de gran intensidad, ya que la vegetación alcanza cada vez más las zonas habitadas y dificulta las tareas de contención.







