México, Cuba, República Dominicana y Francia se unen para enfrentar el avance del sargazo

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El proyecto CARIBS buscará mejorar el monitoreo, desarrollar usos sustentables para las macroalgas y promover la participación de las comunidades del Caribe.

El crecimiento de los arribos masivos de sargazo en las costas del Caribe llevó a México, República Dominicana, Cuba y Francia a unir esfuerzos en un nuevo proyecto científico destinado a encontrar respuestas coordinadas frente a uno de los principales desafíos ambientales y turísticos de la región.

La iniciativa se llama CARIBS y será presentada oficialmente a finales de septiembre en Cancún. El proyecto busca establecer mecanismos de cooperación entre los países afectados y fortalecer las capacidades locales para anticipar, gestionar y aprovechar la llegada de grandes cantidades de estas macroalgas.

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El lanzamiento está previsto para el 29 de septiembre, durante el encuentro internacional Sargassum Cooperation Days, que se desarrollará entre el 28 y el 30 de septiembre.

Tres líneas de trabajo para enfrentar el problema

El proyecto estará liderado por la investigadora Erika Vázquez Delfín, del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), y estará estructurado alrededor de tres grandes áreas.

La primera será el monitoreo integral del sargazo. El objetivo es mejorar las herramientas que ya existen para detectar y seguir el desplazamiento de las macroalgas y extender su aplicación a zonas de la región que todavía cuentan con poca información.

La segunda línea estará orientada al aprovechamiento sustentable del sargazo, con el desarrollo de propuestas que permitan convertir parte de la biomasa recolectada en recursos útiles sin generar nuevos impactos ambientales o sanitarios.

El tercer eje será la cultura oceánica y la participación comunitaria. Para ello se impulsarán iniciativas de ciencia ciudadana que involucren a las poblaciones locales en la observación y generación de información sobre el fenómeno.

La combinación de investigación, gestión y participación busca que los países puedan abordar el sargazo como un fenómeno regional y no como un problema aislado de cada destino turístico.

Una problemática que golpea al turismo

El sargazo se convirtió en un desafío recurrente para numerosos destinos del Caribe. Las grandes acumulaciones que llegan a las playas pueden afectar la actividad turística, generar malos olores durante su descomposición y demandar importantes esfuerzos logísticos para su retiro.

México, especialmente el estado de Quintana Roo, se encuentra entre las regiones que han tenido que desarrollar estrategias para enfrentar estos arribos.

Pero el objetivo de los investigadores ya no se limita únicamente a retirar las algas de las playas.

En los últimos años comenzaron a desarrollarse diferentes alternativas para utilizar el sargazo como materia prima en sectores como la construcción, agricultura, cosmética, producción de biogás y fabricación de productos.

Del problema ambiental a la economía circular

Uno de los desafíos consiste en lograr que la transformación del sargazo en materia prima sea realmente sustentable.

La biomasa puede contener elementos que dificultan su utilización y, dependiendo de su procedencia y tratamiento, también pueden aparecer problemas ambientales y sanitarios.

Por eso, los investigadores buscan desarrollar modelos de economía circular que permitan aprovechar el recurso sin trasladar el problema desde las playas hacia otras etapas de la cadena productiva.

Entre las iniciativas desarrolladas en México se encuentra el denominado “sargacreto”, un material que incorpora sargazo para fabricar elementos destinados a banquetas, vialidades, carreteras, mobiliario y arrecifes artificiales.

Para producir un bloque de este material se utilizan aproximadamente 40 a 45 kilos de macroalgas.

La tecnología incluso fue aplicada en obras vinculadas al Tren Maya, mostrando una de las posibles vías para transformar el sargazo recolectado en un insumo para la construcción.

Una alianza con alcance regional

El proyecto CARIBS cuenta con financiación del Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores de Francia, a través de sus embajadas en México, República Dominicana y Cuba.

La cooperación entre los cuatro países apunta a compartir información y desarrollar herramientas que puedan ser utilizadas en distintos puntos del Caribe.

El desafío es particularmente complejo porque el sargazo no respeta fronteras: las masas de macroalgas se desplazan por el océano y pueden terminar afectando diferentes costas según las corrientes y las condiciones ambientales.

Por eso, mejorar la capacidad de anticipar sus desplazamientos y coordinar respuestas puede resultar clave tanto para la protección de los ecosistemas como para las comunidades que dependen del turismo.

Con su presentación en Cancún, CARIBS buscará dar un nuevo paso hacia una estrategia regional que combine ciencia, monitoreo, aprovechamiento responsable y participación ciudadana para enfrentar uno de los fenómenos que más está transformando las costas del Caribe.

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