Lejos de las grandes ciudades, el turismo masivo y el ruido cotidiano, existe una isla donde la naturaleza ocupa casi todo el territorio. Stewart Island, también conocida por su nombre maorí Rakiura, fue elegida como la isla más tranquila del mundo gracias a sus paisajes prácticamente intactos, sus cielos oscuros y una fauna que incluye especies amenazadas.
Ubicada al sur de la Isla Sur de Nueva Zelanda, Stewart es la tercera isla más grande del país y, pese a su extensión, tiene apenas unos 500 habitantes, concentrados principalmente en Oban, su localidad más importante.
El destino ocupa el primer lugar del Unspoilt Index de BookRetreats.com, un ranking que analiza las 100 islas más tranquilas del planeta a partir de datos satelitales y cartográficos. Para establecer la clasificación se utilizaron criterios vinculados con la tranquilidad y la conservación del entorno, entre ellos la presencia de naturaleza, la cantidad de carreteras, el tráfico aéreo, la concentración de personas, la oscuridad del cielo nocturno y el estado natural de las costas.

Stewart Island obtuvo 94,6 puntos sobre 100 y alcanzó una puntuación de 99 sobre 100 en el indicador relacionado con la modificación humana del territorio.
Un territorio donde la naturaleza domina
Una de las claves de su tranquilidad es que gran parte de la isla permanece protegida. El Parque Nacional Rakiura ocupa alrededor del 85 % del territorio, limitando considerablemente la presencia de infraestructura y actividad humana.
Hay una pequeña pista de aterrizaje y algunas carreteras secundarias, pero el paisaje está dominado por bosques nativos, costas, bahías y playas prácticamente intactas.
La propia denominación maorí, Rakiura, hace referencia a “la tierra de los cielos resplandecientes”, una descripción especialmente apropiada para un territorio donde las noches pueden convertirse en uno de sus principales atractivos.
La isla cuenta con el Santuario Internacional de Cielos Oscuros más austral del mundo, una condición que permite observar el firmamento con muy poca contaminación lumínica. Además, alrededor del 2,3 % del territorio registra auroras, por lo que el cielo nocturno puede ofrecer uno de los espectáculos naturales más llamativos de la región.
El refugio de una especie en peligro
La tranquilidad de Rakiura también beneficia a su fauna. Entre sus habitantes más emblemáticos se encuentra el kiwi marrón de la isla Stewart, una especie amenazada que tiene en este territorio uno de sus principales refugios.

Se estima que alrededor de 20.000 ejemplares viven en la isla, y existe una particularidad que sorprende a muchos visitantes: a diferencia de otras regiones de Nueva Zelanda, aquí es posible encontrarlos incluso durante la noche.
Pero el kiwi no es el único protagonista. Pingüinos, focas y numerosas especies de aves también forman parte de la fauna de Stewart Island, en un ecosistema donde la intervención humana es mucho menor que en otros destinos turísticos.
280 kilómetros de senderos entre bosques y playas
Para quienes buscan desconectarse sin renunciar a la aventura, la isla cuenta con aproximadamente 280 kilómetros de senderos que atraviesan algunos de sus paisajes más salvajes.
Las rutas permiten recorrer bosques frondosos, bahías remotas, calas tranquilas y sectores costeros donde la naturaleza permanece prácticamente sin modificaciones.
Uno de los lugares destacados es Māori Beach, una playa aislada donde enormes troncos arrastrados por el océano se acumulan sobre la arena blanca y el bosque nativo llega prácticamente hasta la costa.
La combinación de senderos, escasa población, ausencia de grandes infraestructuras y cielos libres de contaminación lumínica convierte a Stewart Island en un destino muy diferente a los tradicionales circuitos turísticos de Nueva Zelanda.
Más que ofrecer una larga lista de atracciones, Rakiura propone justamente lo contrario: caminar, observar la naturaleza y disfrutar del silencio en uno de los territorios menos alterados del país.








