Orcas y delfines cruzaron un punto evolutivo sin retorno y ya no volverían a la vida terrestre

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Aunque hoy resulta difícil imaginarlo, las orcas y los delfines descienden de mamíferos que alguna vez caminaron sobre tierra firme. Millones de años de evolución transformaron sus cuerpos hasta convertirlos en animales completamente adaptados al océano, y un nuevo estudio sostiene que ese proceso llegó a un punto del que los cetáceos ya no pueden regresar.

Investigadores de la Universidad de Friburgo, la Universidad de Gotemburgo y el Swiss Institute of Bioinformatics analizaron la evolución de 5.635 especies de mamíferos, tanto actuales como recientemente extinguidas, para estudiar cómo cambiaron los linajes que pasaron de ambientes terrestres a acuáticos.

El trabajo, publicado en Proceedings of the Royal Society B, encontró un umbral evolutivo a partir del cual el regreso hacia una vida predominantemente terrestre se vuelve prácticamente inexistente.

Esto significa que, a escala de millones de años y considerando la evolución de los linajes completos, animales como las orcas y los delfines habrían cruzado un punto de no retorno evolutivo.

Cuatro etapas para llegar al océano

Para analizar las transformaciones, los científicos clasificaron a los mamíferos en cuatro categorías según su grado de adaptación al medio acuático.

Los animales A0 son completamente terrestres y no presentan adaptaciones relevantes para vivir en el agua. Los A1 ya poseen algunas adaptaciones acuáticas, pero todavía pueden desplazarse con normalidad por tierra, como ocurre con muchos mamíferos semiacuáticos.

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En la categoría A2 aparecen especies cuya movilidad terrestre ya está limitada, como los pinnípedos y la nutria marina. Finalmente, los A3 representan el extremo de la adaptación: son los mamíferos completamente acuáticos, entre ellos los cetáceos y los sirenios.

De las especies estudiadas, el 96,7 % eran terrestres, mientras que apenas el 3,3 % presentaba algún grado de adaptación a la vida acuática.

El punto clave se encuentra en la transición entre A1 y A2. Según los modelos utilizados, mientras una especie todavía conserva una importante capacidad para desenvolverse en tierra, las transiciones hacia estados más terrestres pueden producirse nuevamente.

Pero una vez superado ese límite, las probabilidades de regresar a una vida terrestre se vuelven prácticamente nulas.

Las orcas y los delfines se encuentran en la categoría A3, en el extremo de ese proceso evolutivo.

Un cambio que transformó por completo sus cuerpos

La adaptación al océano no modificó únicamente la forma de desplazarse. También estuvo acompañada por cambios en el tamaño corporal y en la alimentación.

El agua conduce el calor mucho mejor que el aire, por lo que un animal acuático necesita gastar más energía para mantener estable su temperatura corporal. En este contexto, los cuerpos más grandes presentan una ventaja: pierden proporcionalmente menos calor debido a que tienen una menor superficie en relación con su volumen.

Los investigadores encontraron una tendencia al aumento de la masa corporal en los linajes que avanzaron hacia una vida acuática, especialmente entre los mamíferos completamente adaptados al agua.

También detectaron una relación entre la adaptación acuática y dietas progresivamente más carnívoras. Este patrón puede vincularse con las mayores necesidades energéticas asociadas a mantener cuerpos grandes y activos en ambientes acuáticos.

El océano se convirtió en su único hogar

La conclusión del estudio no significa que una orca no pueda salir parcialmente del agua o que un delfín no pueda quedar varado. Tampoco se refiere al comportamiento de un individuo.

Lo que analizaron los científicos fue algo mucho más amplio: cómo evolucionaron los linajes de mamíferos durante millones de años y qué posibilidades existen de revertir esas transformaciones una vez alcanzado determinado nivel de especialización.

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En ese sentido, las orcas y los delfines están completamente ligados al océano. Sus cuerpos, su fisiología y su forma de alimentarse dependen de ese ambiente.

Esto también tiene consecuencias para su conservación. La contaminación, el ruido submarino, la sobrepesca, el calentamiento del océano y la acidificación del agua representan amenazas especialmente relevantes para animales que no cuentan con la posibilidad evolutiva de regresar a un ecosistema terrestre.

El estudio aporta así una nueva dimensión a una vieja idea de la biología evolutiva: algunas transformaciones pueden ser tan profundas que, una vez que un linaje las atraviesa, el camino de regreso prácticamente desaparece.

Para los cetáceos, millones de años de evolución hicieron del océano mucho más que un hábitat: lo convirtieron en su único hogar posible.

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