Vivir frente al océano, en un faro histórico de California y con alojamiento gratuito puede sonar como una experiencia soñada. Pero la propuesta también incluye frío, niebla, aislamiento y 313 escalones que forman parte de la rutina diaria.
El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos abrió una convocatoria para personas interesadas en convertirse en guías voluntarios durante la temporada de invierno en el histórico faro de Point Reyes, ubicado en la costa de California, a poco más de una hora al norte de San Francisco.
La estadía está prevista entre el 6 de noviembre de 2026 y el 1 de febrero de 2027. A cambio de brindar atención a los visitantes durante 30 horas semanales, quienes sean seleccionados podrán alojarse gratuitamente dentro del complejo histórico.

Una casa gratis frente al Pacífico
El alojamiento está integrado al propio conjunto del faro y cuenta con cocina, salón, comedor y electrodomésticos básicos. También dispone de lavandería y estacionamiento.
Además, el Servicio de Parques Nacionales cubre los servicios de agua, gas e internet, aunque los voluntarios deberán contar con vehículo propio para desenvolverse en esta zona aislada.
La propuesta tiene, sin embargo, algunas condiciones particulares. No se permiten mascotas en las instalaciones y quienes acepten el puesto deberán estar preparados para convivir con uno de los habitantes menos deseados del lugar: los organizadores advierten que pueden aparecer ratones dentro de los edificios.
313 escalones y un invierno frente al océano
Uno de los principales desafíos de la experiencia es el propio acceso al faro. Para llegar hasta el complejo hay que recorrer 313 escalones, algo que los voluntarios deberán incorporar a su rutina durante toda la estadía.
A eso se suman las condiciones meteorológicas de la costa californiana durante el invierno, con viento, humedad y frecuentes nieblas provenientes del Pacífico.
El aislamiento también forma parte de la experiencia. El faro se encuentra en un entorno natural alejado de los grandes centros urbanos, por lo que quienes sean seleccionados deberán tener autonomía y estar preparados para pasar varios meses en un lugar con poca actividad cotidiana más allá de la llegada de visitantes.
Por eso, la convocatoria deja claro que no se trata simplemente de unas vacaciones con alojamiento incluido.
Qué deberán hacer los voluntarios
El puesto contempla cuatro turnos semanales de 7,5 horas. Durante esas jornadas, los voluntarios deberán recibir al público, responder preguntas y ofrecer información sobre la historia del faro, el paisaje y la fauna de la zona.

También tendrán que realizar charlas para los visitantes y ayudarlos a comprender la importancia histórica y natural del lugar.
El faro comenzó a funcionar el 1 de diciembre de 1870. Su luz servía para orientar a los barcos que navegaban frente a una costa especialmente complicada por las frecuentes brumas del Pacífico.
Durante más de un siglo, los fareros mantuvieron en funcionamiento el sistema de señalización, que contaba con una lente de Fresnel.
Aunque dejó de cumplir su función original en 1975, cuando una luz automatizada cercana tomó su lugar, el edificio conservó su valor histórico y actualmente forma parte de la experiencia de quienes visitan el área.
Un paisaje de acantilados, bosques y fauna marina
El faro está rodeado por un paisaje marcado por acantilados, playas de fuerte oleaje, colinas boscosas y extensas llanuras abiertas.
El entorno natural alberga más de 1.000 especies de fauna y flora, entre ellas el ciervo californiano, el elefante marino del Norte y la ballena gris.
También es un destino elegido para recorrer senderos y observar aves, por lo que los voluntarios estarán en contacto permanente con visitantes interesados tanto en la historia marítima como en la naturaleza del lugar.
La propuesta combina así una vivienda gratuita, contacto directo con el océano y la posibilidad de vivir temporalmente en un sitio histórico. Pero también exige 30 horas semanales de trabajo, vehículo propio, adaptación al aislamiento y resistencia al frío y la niebla.
Y hay un último detalle que puede ser decisivo para quienes estén pensando en postularse: además de los 313 escalones, el viento y la humedad, tendrán que aceptar que los ratones también podrían ser parte de la experiencia.








