España frenó el avance de las dunas plantando miles de árboles y salvó una ciudad de la arena

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A comienzos del siglo XX, una ciudad costera de España estaba en riesgo de desaparecer bajo la arena. Las dunas avanzaban impulsadas por el viento y amenazaban casas, calles y cultivos, hasta que un ambicioso proyecto forestal consiguió transformar por completo el paisaje.

El lugar era Guardamar del Segura, en la provincia de Alicante, donde a finales del siglo XIX el avance de las dunas se había convertido en un problema cada vez más grave. En 1900, el ingeniero forestal Francisco Mira i Botella asumió la tarea de detenerlas y comenzó una intervención que se extendería durante tres décadas.

El proyecto combinó barreras de contención, contradunas y una extensa repoblación vegetal para estabilizar el terreno. Más de un siglo después, el resultado sigue formando parte del paisaje de la ciudad.

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Primero hubo que detener la arena

Mira aplicó un método desarrollado por el inspector forestal francés Nicolas Brémontier, que proponía fijar las dunas antes de avanzar con la plantación de vegetación.

La primera etapa consistió en instalar barreras de madera y cañizo que permitieran reducir el desplazamiento de la arena provocado por el viento. Estas estructuras ayudaban a retener el material y a formar dunas artificiales más estables, creando las condiciones necesarias para que las plantas pudieran desarrollarse.

Una vez controlado el movimiento de la arena, comenzó la segunda parte de la estrategia: cubrir progresivamente el terreno con vegetación.

Miles de árboles cambiaron el paisaje

Los responsables del proyecto probaron diferentes especies hasta determinar cuáles podían resistir mejor las condiciones del lugar. Finalmente, los pinos tuvieron un papel central en la repoblación, acompañados por palmeras, eucaliptos y otras plantas capaces de adaptarse al ambiente árido.

La intervención llegó a abarcar entre 700 y 800 hectáreas e incluyó mucho más que la plantación de árboles. Se construyeron viveros, viviendas forestales, depósitos y ocho kilómetros de senderos, además de unos 14 kilómetros de contradunas destinadas a reforzar la protección frente al avance de la arena.

Con el tiempo, el conjunto dio origen a la conocida Pinada de Guardamar, una extensa superficie forestal que modificó de manera definitiva el entorno de la localidad.

Un proyecto que duró 30 años

La transformación no fue inmediata. Las tareas requirieron décadas de trabajo y también contaron con la participación de los vecinos de Guardamar, que colaboraron en el desarrollo del proyecto.

Mira dejó su actividad profesional en 1925, pero continuó siguiendo de cerca la evolución de las obras. Finalmente, los trabajos quedaron terminados en 1930, tres décadas después de que comenzara la intervención.

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Lo que había comenzado como una lucha contra unas dunas que amenazaban con cubrir la ciudad terminó convirtiéndose en uno de sus principales espacios naturales.

La barrera verde que todavía protege a Guardamar

Más de un siglo después del inicio del proyecto, la masa forestal continúa formando parte del paisaje de Guardamar del Segura y funciona como una barrera natural frente a la arena y el viento.

La obra también dejó una huella histórica en la localidad. La figura de Francisco Mira es recordada mediante una casa museo y dos esculturas, destinadas a preservar la memoria del ingeniero que consiguió cambiar el destino del municipio.

El caso de Guardamar demuestra cómo una intervención iniciada hace más de 120 años logró convertir un territorio amenazado por el avance de las dunas en un paisaje forestal que todavía permanece en pie.

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