Bajo el paisaje mediterráneo de Castellón existe un mundo completamente diferente. En las profundidades de la tierra, un río atraviesa una extensa red de galerías mientras las paredes de piedra conservan huellas de quienes habitaron la zona hace miles de años.
Se trata de las Coves de Sant Josep, ubicadas en La Vall d’Uixó, en las proximidades de la Sierra de Espadán. La cavidad alberga el que está considerado el río subterráneo navegable más largo de Europa y ofrece un recorrido en barca que permite atravesar parte de este paisaje oculto.
El sistema de cuevas tiene más de 3.000 metros de galerías exploradas, aunque todavía existen sectores cuyo recorrido completo se desconoce. Incluso el nacimiento del río y el final de la cavidad no están completamente determinados.

Para los visitantes, la experiencia comienza sobre el agua. Una pequeña embarcación avanza lentamente por las galerías mientras las formaciones rocosas aparecen iluminadas en medio de la oscuridad.
Un paseo en barca por las profundidades de Castellón
El recorrido turístico comprende aproximadamente 800 metros navegables y otros 250 metros a pie. La visita completa dura alrededor de 40 a 45 minutos, en un ambiente que permanece prácticamente estable durante todo el año.
En el interior de la cueva, la temperatura ronda los 20 °C, independientemente de las condiciones que haya en el exterior.
Durante el trayecto, el agua y la roca son los grandes protagonistas. Durante miles de años, el paso del agua fue erosionando la piedra y dando forma a galerías, salas, bóvedas y formaciones geológicas que hoy pueden observarse a lo largo del recorrido.
Entre los espacios más conocidos aparecen la Sala de los Murciélagos, el Lago Diana y la Galería de los Sifones. También se encuentra la llamada Catedral, una de las zonas de mayor altura de la cavidad.
El paseo se realiza acompañado por un guía-barquero, encargado de conducir la embarcación por el río y explicar los diferentes sectores de la cueva.
Para quienes buscan una experiencia más aventurera, determinados sectores también pueden recorrerse mediante espeleokayak, una alternativa que permite adentrarse de una manera más activa en el sistema subterráneo.
Una cueva que conserva huellas de hace 17.000 años
La particularidad de las Coves de Sant Josep no está únicamente en su río subterráneo. En los alrededores de la entrada también existen evidencias de una presencia humana que se remonta aproximadamente 17.000 años.
En este sector se encontraron pinturas y grabados rupestres vinculados al arte rupestre del arco mediterráneo de la península ibérica, un conjunto reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco.
Las representaciones constituyen una muestra de la relación que las comunidades humanas mantenían con este territorio mucho antes de que la cueva se transformara en un atractivo turístico.

La historia arqueológica del lugar tampoco termina allí. En las inmediaciones se conservan restos de un poblado ibérico del siglo VI a. C. y también existen indicios de presencia romana.
Así, el recorrido por Sant Josep permite acercarse a distintas etapas de la historia en un mismo paisaje: desde las primeras comunidades prehistóricas hasta las civilizaciones que posteriormente ocuparon la región.
Durante siglos fue un lugar prácticamente inaccesible
Aunque actualmente miles de visitantes pueden recorrer las cuevas, durante gran parte de su historia el interior permaneció fuera del alcance de la mayoría de las personas.
En el siglo XIX, los alrededores de la Font de Sant Josep ya eran un punto de encuentro habitual para los habitantes de La Vall d’Uixó. Sin embargo, adentrarse en las profundidades de la cavidad era una tarea mucho más compleja.
La primera exploración documentada ocurrió en 1902 y llegó hasta la denominada Boca del Forn, un estrecho conducto formado por la acción del agua que durante años marcó el límite de las zonas conocidas.
Las exploraciones continuaron durante las décadas siguientes y, a partir de los años 30, comenzaron los trabajos para adaptar parte de la cueva a las visitas.
Finalmente, en 1950 se instaló un sistema de barcas y de regulación del agua que permitió abrir el recorrido al público.
Desde entonces, la infraestructura fue modificándose y mejorándose, pero la esencia de la experiencia permanece intacta: avanzar en silencio sobre un río subterráneo mientras las paredes de piedra revelan una historia que comenzó mucho antes de que existiera cualquier camino en la superficie.
Hoy, las Coves de Sant Josep reúnen en un mismo recorrido naturaleza, geología, arqueología y aventura, en un paisaje escondido bajo la Sierra de Espadán que todavía conserva sectores por explorar.








