El parque africano que perdió el 90% de sus animales y hoy alberga más de 110.000

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Durante décadas, el Parque Nacional de Gorongosa fue considerado uno de los grandes refugios de fauna de África. Pero la guerra civil de Mozambique convirtió ese paisaje en un territorio devastado: más del 90% de sus grandes mamíferos desaparecieron y algunas especies quedaron al borde de la extinción local.

Hoy, el escenario es completamente diferente. El último relevamiento oficial, realizado en 2024, contabilizó 110.513 animales de 20 especies, una cifra récord para la reserva ubicada en el centro del país.

Detrás de esta recuperación hay una combinación de protección, trabajo con las comunidades y una alianza que comenzó a gestarse en 2004, cuando un empresario estadounidense decidió dejar atrás sus negocios para dedicar su fortuna a recuperar el parque.

Una guerra que arrasó con la fauna

La guerra civil de Mozambique se extendió entre 1977 y 1992 y tuvo un impacto devastador sobre Gorongosa. Los animales eran cazados tanto para alimentar a las poblaciones involucradas en el conflicto como para comercializar productos derivados de la fauna.

Entre ellos se encontraba el marfil, que se convirtió en una fuente de financiamiento para la guerra.

Los relevamientos aéreos realizados después del conflicto permitieron dimensionar la magnitud de la pérdida. En 1994, las poblaciones de grandes mamíferos habían disminuido más del 90% respecto de los niveles registrados antes de la guerra.

En algunas especies el desplome fue todavía mayor. Elefantes, cebras e hipopótamos perdieron entre el 93% y el 97% de sus poblaciones, mientras que búfalos y ñus sufrieron caídas superiores al 99%.

Entre 1994 y 1997, además, la biomasa combinada de nueve especies de grandes herbívoros representaba apenas una fracción de la que había existido antes del conflicto.

El empresario que decidió apostar por Gorongosa

En 2004 apareció un nuevo capítulo en la historia del parque. Greg Carr, un empresario tecnológico estadounidense, había construido su fortuna con sistemas de correo de voz y posteriormente decidió abandonar los negocios para dedicarse a la filantropía.

Ese año se reunió con el entonces presidente de Mozambique, Joaquim Chissano, quien le pidió colaboración para recuperar Gorongosa.

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La iniciativa terminó convirtiéndose en una alianza de largo plazo. En 2008, el Gobierno de Mozambique y la Carr Foundation formalizaron el Proyecto Gorongosa, un acuerdo público-privado de 20 años destinado a gestionar el parque y trabajar también con las comunidades de los alrededores.

En 2018, el convenio fue extendido por otros 25 años.

Primero había que proteger a los animales que quedaban

La estrategia de restauración no comenzó llenando el parque de animales provenientes de otros lugares. El primer objetivo fue mucho más básico: conseguir que los ejemplares que habían sobrevivido pudieran vivir sin ser cazados.

El control del territorio y la lucha contra la caza furtiva se convirtieron en prioridades. Durante los primeros años se retiraron alrededor de 20.000 trampas y lazos de alambre instalados en diferentes sectores del parque.

Las reintroducciones también tuvieron un papel, aunque fueron relativamente pequeñas frente a la recuperación natural de las poblaciones. El estudio registró 465 animales reintroducidos pertenecientes a siete especies.

Uno de los casos más representativos fue el de los ñus azules. En 2007 se liberaron 180 ejemplares, cuando en el parque quedaba apenas una docena. Para 2022, el relevamiento aéreo contabilizó 1.525 ñus.

La fauna regresó, pero el ecosistema cambió

La recuperación fue extraordinaria, aunque no significó simplemente volver al escenario anterior a la guerra.

Para 2018, la biomasa total de las nueve especies estudiadas había alcanzado alrededor del 95% del nivel previo al conflicto. Sin embargo, la composición de la fauna había cambiado considerablemente.

El waterbuck se convirtió en la especie dominante, con más de 55.000 ejemplares y más del 74% de la biomasa registrada entre las especies analizadas.

Al mismo tiempo, la proporción correspondiente a elefantes, hipopótamos y búfalos se redujo del 89% al 23%.

Esto demuestra que recuperar la cantidad de animales no necesariamente significa reconstruir de inmediato la misma estructura ecológica que existía antes de una gran alteración.

Gorongosa alcanzó un récord histórico

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El último conteo oficial ofrece una dimensión concreta de la transformación.

En 2024 se registraron 110.513 animales de 20 especies, entre ellos 107.765 herbívoros y 2.748 cocodrilos. Es la cifra más alta registrada hasta ahora en el parque.

Gorongosa pasó así de ser un territorio donde la guerra había reducido drásticamente a sus grandes mamíferos a convertirse nuevamente en uno de los grandes escenarios de recuperación de fauna de África.

Pero el proceso todavía no terminó. Los investigadores advierten que reconstruir la estructura original del ecosistema puede llevar mucho más tiempo que recuperar el número total de animales y podría requerir nuevas intervenciones.

La historia de Gorongosa muestra, en definitiva, que una población animal puede recuperarse después de una catástrofe de enormes proporciones, aunque volver a equilibrar todo un ecosistema es un desafío mucho más complejo.

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