Así es el concierto de 639 años que se interpreta en una iglesia de Alemania

concierto lento
Redactor
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Hay un concierto ocurriendo ahora mismo en Alemania que terminará mucho después de que todos nosotros hayamos muerto.

No es una exageración.

La obra se llama Organ²/ASLSP (As Slow as Possible), del compositor estadounidense John Cage, y su nombre ya funciona como una declaración de intenciones: “tan lento como sea posible”.

Pero en la ciudad alemana de Halberstadt decidieron tomarse esa indicación de una manera bastante literal.

La interpretación comenzó en 2001 y está previsto que finalice recién en el año 2640.

En total: 639 años de concierto.

Un acorde que puede durar años

La obra se interpreta en un órgano construido especialmente para el proyecto dentro de la antigua iglesia de San Burchardi.

Pero no hay un músico sentado frente al instrumento durante las 24 horas del día.

Un sistema de fuelles mantiene el aire circulando por los tubos, mientras una serie de pesos permite que determinadas teclas permanezcan presionadas de forma constante.

A veces durante meses.

A veces durante años.

image Organ² ASLSP 3

Porque en esta versión de la obra de Cage los cambios de acorde no ocurren cada pocos segundos, como en una canción convencional. Entre un sonido y otro pueden pasar varios años.

El 5 de agosto de 2026, por ejemplo, se produjo uno de esos cambios.

Habían pasado más de dos años desde la modificación anterior.

El órgano pasó de tocar siete notas simultáneas a tocar ocho.

En cualquier canción normal, una transición semejante podría durar menos de un segundo. En Halberstadt, en cambio, se convirtió en un acontecimiento al que asistieron personas llegadas especialmente para presenciarlo.

image Organ² ASLSP

Una obra pensada para generaciones que todavía no nacieron

Quizás lo más fascinante del proyecto no sea su música, sino su relación con el tiempo.

Ninguna de las personas que participaron del comienzo de esta interpretación en 2001 llegará a escuchar su final.

Tampoco sus hijos.

Ni sus nietos.

Y probablemente tampoco muchas de las generaciones que vendrán después.

Quienes estén vivos en el año 2640 serán los encargados de escuchar los últimos sonidos de una obra que comenzó más de seis siglos antes de su nacimiento.

Eso convierte al concierto en algo difícil de definir.

¿Es una pieza musical? ¿Una instalación artística? ¿Un experimento filosófico?

Tal vez sea un poco de todo.

Porque As Slow as Possible obliga a pensar la música en una escala temporal completamente diferente a la nuestra.

Estamos acostumbrados a canciones que duran tres minutos, conciertos de algunas horas y vidas medidas en décadas.

Esta obra, en cambio, está diseñada para sobrevivir a generaciones enteras.

Y por eso la pregunta más interesante quizá no sea cómo sonará su último acorde.

La verdadera pregunta es otra:

cuando llegue el año 2640, ¿seguirán existiendo este órgano, esta iglesia y nuestra civilización para escucharlo?

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