Una cooperativa sueca construyó tres viviendas diminutas para mostrar, de manera impactante, cuántos metros cuadrados puede comprar actualmente un joven de 25 años. En Estocolmo, el resultado fue de apenas 1,9 m².
Tener una vivienda propia parece haberse convertido en un objetivo cada vez más difícil para las nuevas generaciones. Y el problema no es exclusivo de América Latina: incluso en Suecia, uno de los países europeos con mejores indicadores económicos y sociales, muchos jóvenes encuentran enormes obstáculos para ingresar al mercado inmobiliario.
Para ponerle una dimensión concreta al problema, la cooperativa y desarrolladora sueca Riksbyggen calculó cuántos metros cuadrados podría comprar una persona promedio de 25 años teniendo en cuenta su salario, sus ahorros, las condiciones de financiación y los precios de las propiedades.
El resultado sorprendió especialmente en Estocolmo: apenas 1,9 metros cuadrados.
Pero la organización decidió no quedarse únicamente con las estadísticas. Construyó a escala real tres diminutas “viviendas” para representar físicamente lo que un joven podría comprar en Estocolmo, Gotemburgo y Umeå.
Una casa completa en menos de dos metros cuadrados
El caso más extremo es el de Estocolmo. Allí, según los cálculos realizados, la capacidad adquisitiva de un joven promedio de 25 años alcanzaría solamente para 1,9 m².
El prototipo concentra simbólicamente dormitorio, living, cocina y baño dentro de ese espacio mínimo y fue presentado utilizando, con ironía, el tipo de lenguaje optimista que suele aparecer en los anuncios inmobiliarios.
La intención no era ofrecer una vivienda real —los prototipos no están en venta—, sino visualizar hasta qué punto se redujeron las posibilidades de acceso a la propiedad para buena parte de los jóvenes suecos.
La situación mejora ligeramente fuera de la capital.
En Gotemburgo, el cálculo permite llegar a una superficie de 3,1 m², mientras que en Umeå alcanza los 4,5 m². Este último prototipo incluso incluye un diminuto balcón, utilizado también como parte de la puesta en escena irónica de la campaña.
Jóvenes que dependen de sus padres para comprar
Detrás de la campaña hay cifras que muestran un problema mucho más profundo.
Según los datos difundidos por Riksbyggen, el 39% de los jóvenes suecos depende de sus padres para poder ingresar al mercado inmobiliario. Además, el 36% considera que no podrá comprar una propiedad durante el próximo año.
Otro dato resulta especialmente significativo: el 56% asegura que su situación habitacional le impide avanzar en decisiones importantes de la vida adulta.
La organización también recogió testimonios de jóvenes que atravesaron numerosas mudanzas o que buscan vivienda de manera permanente sin conseguir una alternativa estable.
El problema de la construcción en Suecia
El acceso a la vivienda está vinculado también con la cantidad de propiedades disponibles.
Durante 2025 se terminaron en Suecia 33.332 viviendas, aproximadamente un 30% menos que durante el año anterior.
De acuerdo con estimaciones de la Junta Nacional de Vivienda, Construcción y Planificación de Suecia (Boverket) citadas por la cooperativa, para equilibrar el mercado deberían construirse alrededor de 52.300 viviendas por año durante una década.
Riksbyggen sostiene además que uno de los obstáculos para aumentar la oferta está en el sistema de financiación de los nuevos desarrollos.
Los bancos suelen exigir que aproximadamente la mitad de las unidades de un proyecto estén vendidas antes de financiar el inicio de las obras. La cooperativa propone que una garantía estatal permita reducir esa exigencia de preventa y facilite la construcción de más viviendas.
El ahorro inicial, otra de las grandes barreras
Para los jóvenes, reunir el dinero necesario para realizar el pago inicial de una vivienda también representa una enorme dificultad.
Como ejemplo, Riksbyggen señala que para una propiedad valuada en 2,5 millones de coronas suecas —unos US$260.000—, el comprador necesita aportar alrededor de 250.000 coronas, equivalentes a unos US$26.000, como depósito inicial.
Por ese motivo, la organización reclama la implementación de un préstamo específico que ayude a los jóvenes a financiar el ingreso a su primera propiedad.
También propone incentivar la construcción de viviendas adaptadas para adultos mayores. La idea es generar una cadena de mudanzas: si las personas mayores encuentran propiedades adecuadas a sus necesidades, pueden liberar viviendas que posteriormente regresan al mercado y amplían la oferta disponible para otras generaciones.
Una pequeña casa para mostrar un problema enorme
Las viviendas de 1,9, 3,1 y 4,5 metros cuadrados no pretenden convertirse en una nueva tendencia arquitectónica. Son una instalación destinada a representar algo que las estadísticas no siempre consiguen transmitir.
Una habitación en la que prácticamente no existe distancia entre la cama, la cocina y el baño funciona como metáfora de cuánto se redujo el poder de compra de quienes intentan independizarse.
Y aunque el experimento fue realizado en Suecia, el debate resulta reconocible en muchas otras partes del mundo: salarios que no avanzan al ritmo del precio de las propiedades, dificultad para ahorrar y jóvenes que necesitan cada vez más ayuda familiar para alcanzar su primera vivienda.
Fuente: información publicada por LA NACION a partir de datos y una campaña de la cooperativa sueca Riksbyggen.








