Así son las yurtas, las viviendas vernáculas de Mongolia que se convirtieron en una majestuosa pieza de arquitectura

Angelo Zinna
Redactor
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Conocidos como Yurtas, las casas móviles de nómades de Asia Central se están convirtiendo en una forma de alojamiento cada vez más popular para los mochileros que viajan a lo largo de la Ruta de la Seda.

Gracias al éxito de los programas de turismo basados ​​en la comunidad en Kirguistán y al aflojamiento de las regulaciones de visas en países que alguna vez fueron de difícil acceso como Uzbekistán o Tayikistán, llegar a campamentos remotos para experimentar un estilo de vida que ha caracterizado este rincón del mundo durante milenios es ahora más fácil que nunca.

La artesanía tradicional relativa a la yurta mongola fue designada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en el 2013.

Utilizada en las estepas de Asia Central desde la Edad Media, la Yurta es una estructura circular autoportante (tipo “carpa”), que se compone de un armazón de listones entrelazados de madera cubierto por fieltro de lana o cuero.

Si bien tienen una apariencia simple, estas carpas circulares ofrecen una gran protección contra el feroz clima de la estepa, protegiendo su interior contra los fuertes vientos y ofreciendo suficiente aislamiento para resistir temperaturas extremas.

Además, la estructura no necesita un pilar central para apoyarse y es muy fácil de plegar y colapsar para ser trasladada a un nuevo emplazamiento.

En la Edad Media, la vida nómade de los mongoles obligó a que tuvieran una vivienda para sus constantes desplazamientos. Esta tienda de campaña estaba protegida por una gruesa cubierta, era fácil de transportar y óptima para soportar los intensos cambios climáticos de Mongolia.

Actualmente, más del 50 por ciento de la población de Mongolia vive en estas tiendas que se han convertido en un símbolo nacional, llevando adelante una tradición que se cree que existe desde al menos el 600 a. C..

Los campamentos de yurtas se pueden encontrar en toda Asia Central, con la mayor concentración en Mongolia y Kirguistán. Algunos de ellos están incluso disponibles en Airbnb.

Armar una yurta puede tomar hasta ocho horas dependiendo de su tamaño. Sin embargo, el récord de velocidad para la construcción de yurtas pertenece al equipo kirguiso que participó en los Juegos Mundiales de Nómadas 2018: les tomó solo siete minutos y 46 segundos construir su tienda.

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