El humo de los incendios forestales ya provocó alertas sanitarias en varias ciudades de Canadá y Estados Unidos. Nueva York, sede de la final del Mundial 2026, también se encuentra bajo vigilancia.
Una intensa ola de incendios forestales mantiene en vilo a Canadá y comienza a impactar de lleno en Estados Unidos. Con 858 focos activos, la mayoría fuera de control, el humo ya provocó alertas por mala calidad del aire en varias provincias canadienses y en estados del norte estadounidense, donde las autoridades recomendaron limitar las actividades al aire libre.

Las zonas más afectadas incluyen Ontario, donde un gran incendio obligó a evacuar comunidades indígenas y dejó importantes daños materiales. Según sus habitantes, algunas localidades quedaron completamente destruidas por el avance de las llamas.
El humo también alcanzó grandes ciudades. Toronto llegó a registrar una de las peores calidades de aire del mundo, mientras que Chicago, Detroit y Nueva York también figuraron entre las urbes más contaminadas según mediciones internacionales.
En Estados Unidos, las alertas abarcan estados como Michigan, Minnesota y Nueva York, donde se activaron protocolos de emergencia por contaminación del aire. En la ciudad de Nueva York incluso se habilitaron centros de refrigeración y se distribuyeron mascarillas KN95 para proteger a la población.
¿Corre riesgo la final del Mundial?
La situación genera preocupación porque el próximo domingo Nueva York y Nueva Jersey serán escenario de la final del Mundial 2026 entre Argentina y España. Por el momento, las autoridades no anunciaron cambios en la organización del encuentro y no existen restricciones para disputar el partido.

Los pronósticos indican que durante el fin de semana el humo podría seguir desplazándose hacia el norte de Estados Unidos, aunque un cambio en la dirección del viento previsto para el lunes favorecería una mejora de la calidad del aire en la región.
Un fenómeno cada vez más frecuente
Especialistas explican que los incendios forman parte del ciclo natural de los bosques boreales canadienses, pero advierten que en la última década se volvieron más intensos y frecuentes.
El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y las condiciones más secas favorecen la propagación de las llamas, que ahora afectan con mayor frecuencia el este del país y generan enormes columnas de humo capaces de recorrer miles de kilómetros y afectar a millones de personas.







