Un descubrimiento arqueológico en el sur de Perú podría cambiar parte de la historia del Imperio Inca. Un grupo de investigadores sostiene que las ruinas de T’aqrachullo podrían corresponder a la mítica ciudadela perdida de Ancocagua, un enclave mencionado en antiguos relatos coloniales cuya ubicación exacta permaneció desconocida durante siglos.
El sitio se encuentra sobre una meseta ubicada a unos 90 metros sobre el río Apurímac y sorprende por sus enormes dimensiones: según los especialistas, el asentamiento ocupa alrededor de 17 hectáreas, lo que lo convertiría en un complejo hasta cuatro veces más grande que Machu Picchu.

Durante décadas, arqueólogos exploraron la zona y encontraron fragmentos de cerámica y estructuras dispersas, aunque recién en los últimos años comenzaron a aparecer indicios capaces de modificar por completo la importancia histórica del lugar.
El gran punto de inflexión ocurrió en 2022, cuando un equipo patrocinado por el Ministerio de Cultura de Perú descubrió casi 3.000 pequeñas piezas ornamentales elaboradas en oro, plata y cobre. Las lentejuelas, que habrían pertenecido a vestimentas ceremoniales de la élite inca, sorprendieron a los investigadores por su excelente estado de conservación y por la magnitud del hallazgo.
A partir de entonces, las excavaciones permitieron identificar cerca de 600 estructuras distintas, entre viviendas, tumbas, espacios ceremoniales y santuarios dedicados a antiguas deidades andinas. Todo esto reforzó la teoría de que T’aqrachullo no era un asentamiento menor, sino un importante centro político, religioso y económico del imperio.
Ahora, un número creciente de expertos cree que podría tratarse de Ancocagua, una ciudadela legendaria vinculada a los últimos años del Imperio Inca y mencionada en textos históricos como uno de los lugares sagrados más importantes del Tawantinsuyu.

Según las crónicas de la época colonial, allí habría existido un gran templo ceremonial y también se habría desarrollado una batalla clave durante la conquista española. Si la hipótesis se confirma, el descubrimiento tendría un enorme impacto en la arqueología sudamericana y obligaría a reescribir parte de la historia precolombina.
Además, los investigadores destacan que el sitio formaba parte del Qhapaq Ñan, la gigantesca red de caminos incas que conectaba distintas regiones del imperio a lo largo de miles de kilómetros. Esto posicionaba a T’aqrachullo como un punto estratégico para el comercio, la religión y la administración del territorio.
Por el momento, solo una pequeña parte de la ciudadela fue excavada y los especialistas creen que todavía queda mucho por descubrir bajo la meseta peruana. Mientras continúan las investigaciones, el hallazgo ya despierta expectativa internacional y vuelve a poner a Perú en el centro de algunos de los descubrimientos arqueológicos más importantes del continente.








