De estar casi extintas a superar los 30 mil ejemplares: la histórica recuperación de las ballenas jorobadas en Brasil

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Durante décadas, las ballenas jorobadas estuvieron al borde de desaparecer de las costas de Brasil. A comienzos de la década de 1990, las estimaciones hablaban de apenas entre 1.500 y 2.000 ejemplares en la zona.

Hoy, más de tres décadas después, la situación es completamente diferente: la población de ballenas jorobadas que visita el litoral brasileño para reproducirse y tener a sus crías supera los 30.000 ejemplares.

La recuperación es considerada uno de los grandes ejemplos de cómo las políticas de conservación, el monitoreo científico y la protección sostenida pueden ayudar a una especie a recuperarse después de haber estado cerca de la desaparición.

Un pequeño grupo que dio origen a una gran recuperación

La historia comenzó en 1988, en la región del Parque Nacional Marino de Abrolhos, en el extremo sur del estado de Bahía.

En ese momento nació el Proyecto Baleia Jubarte, una iniciativa dedicada a estudiar y proteger a las ballenas jorobadas que llegaban a las costas brasileñas.

Cuando los investigadores comenzaron a estudiar la población, el panorama era preocupante. Las ballenas habían sido reducidas a una pequeña cantidad de ejemplares después de décadas de amenazas y explotación.

Según recordó Enrico Marcovaldi, fundador y vicepresidente del Instituto Baleia Jubarte, las primeras estimaciones realizadas a comienzos de los años 90 indicaban que había apenas entre 1.500 y 2.000 animales.

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Sin embargo, el trabajo de investigación y conservación permitió seguir de cerca la evolución de la especie.

Con el paso de los años, la población comenzó a crecer y también a expandirse a lo largo del litoral brasileño.

El último censo aéreo, realizado en 2022, confirmó una cifra histórica: más de 30.000 ballenas jorobadas utilizan actualmente la costa de Brasil para aparearse, reproducirse y tener a sus crías.

Cómo cuentan a las ballenas en mar abierto

Estudiar a uno de los animales más grandes del planeta no es una tarea sencilla.

Para estimar el tamaño de la población, los investigadores realizan sobrevuelos siguiendo rutas previamente establecidas. Desde las aeronaves, los observadores registran la presencia de las ballenas y recopilan datos que luego son utilizados para elaborar modelos sobre la densidad de la población.

A lo largo de los años, el proyecto también incorporó nuevas tecnologías para conocer mejor el comportamiento de estos gigantes del océano.

Alrededor de 300 ballenas fueron monitoreadas mediante diferentes dispositivos capaces de registrar sus movimientos, inmersiones, aceleración, sonidos e incluso imágenes durante determinados períodos.

Estos datos permiten a los científicos conocer mejor cómo se desplazan, cuánto tiempo permanecen bajo el agua y cómo utilizan las diferentes zonas del océano.

Tres décadas de conservación

El Proyecto Baleia Jubarte fue ampliando su trabajo con el paso del tiempo.

Además de la investigación científica, la iniciativa desarrolló programas de educación ambiental y acciones destinadas a sensibilizar a la población sobre la importancia de proteger a las ballenas y los ecosistemas marinos.

La recuperación de la especie también permitió demostrar que las políticas de conservación necesitan tiempo para mostrar resultados.

Lo que comenzó con una población de apenas unos pocos miles de ejemplares terminó convirtiéndose, décadas después, en una presencia de más de 30.000 animales a lo largo de la costa brasileña.

Para los investigadores, el caso demuestra que la protección sostenida y el conocimiento científico pueden tener un impacto concreto en la supervivencia de las especies.

Los peligros que todavía enfrentan

A pesar de la histórica recuperación, los científicos advierten que las ballenas jorobadas todavía enfrentan importantes amenazas.

Uno de los principales riesgos son las redes de pesca, en las que los animales pueden quedar atrapados.

También preocupa el aumento de la navegación de grandes embarcaciones, que incrementa el riesgo de colisiones y genera alteraciones en el ambiente marino.

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A esto se suman la contaminación y los posibles efectos del cambio climático, que podrían modificar la distribución y disponibilidad de los alimentos de las ballenas.

Por eso, los especialistas consideran que la recuperación de la población no significa que el trabajo de conservación haya terminado.

El monitoreo continúa siendo fundamental para conocer cómo evoluciona la especie y detectar posibles cambios en su comportamiento o en las zonas que utiliza.

Una segunda oportunidad para una especie

Hace poco más de 30 años, encontrar ballenas jorobadas en las costas de Brasil era una situación cada vez menos frecuente.

Hoy, decenas de miles de ejemplares regresan al litoral brasileño para reproducirse y criar a sus ballenatos.

La recuperación de esta población se convirtió en una de las historias más alentadoras de conservación marina de la región.

Sin embargo, también funciona como un recordatorio: la recuperación de una especie puede llevar décadas y requiere un esfuerzo constante para mantenerse en el tiempo.

Las ballenas jorobadas lograron pasar de una población estimada en apenas 1.500 o 2.000 ejemplares a superar los 30.000 animales.

Una cifra que demuestra que, incluso después de estar al borde de la desaparición, la protección, la ciencia y la conservación pueden darle una segunda oportunidad a la vida silvestre.

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