Dos hermanas compraron una isla en 1965, vivieron allí durante 40 años y la dejaron protegida para siempre

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Roselyn y Evelyn Atkins compraron una pequeña isla frente a la costa de Cornualles y construyeron allí una vida alejada del continente. Tras su muerte, decidieron que el lugar no podía convertirse en un proyecto inmobiliario y lo legaron a una organización dedicada a la conservación de la naturaleza.

En 1965, dos hermanas británicas tomaron una decisión poco habitual: compraron una isla para convertirla en su hogar.

Roselyn Atkins, conocida como Attie, y Evelyn Atkins, llamada Babs, pagaron 22.000 libras por la isla de Looe, también conocida como St George’s Island, frente a las costas de Cornualles, en el suroeste de Inglaterra.

El territorio tiene unas 9 hectáreas y durante casi cuatro décadas fue el escenario de una vida marcada por el aislamiento, la naturaleza y el trabajo de las dos hermanas.

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Pero su historia no terminó con su fallecimiento. Al contrario: ambas se aseguraron de que la isla siguiera siendo un refugio natural mucho después de que ellas ya no estuvieran allí.

Una vida lejos del continente

Aunque compraron la isla juntas en 1965, no comenzaron a vivir allí permanentemente de inmediato.

Babs continuó trabajando en el continente durante los primeros años y viajaba a la isla durante los fines de semana y las vacaciones. Mientras tanto, Attie comenzó a desarrollar allí su proyecto de vida y se dedicó, entre otras actividades, al cultivo de narcisos.

La situación cambió en 1976, cuando Babs se jubiló y finalmente pudo instalarse de manera permanente junto a su hermana.

Durante décadas, ambas llevaron una vida alejada del ritmo habitual del continente y documentaron buena parte de sus experiencias.

Evelyn escribió dos libros sobre aquella etapa: We Bought an Island, publicado en 1976, y Tales From Our Cornish Island, de 1986. Sus relatos se convirtieron en un registro excepcional de cómo era vivir en una pequeña isla privada durante la segunda mitad del siglo XX.

Una isla con siglos de historia

Mucho antes de convertirse en el hogar de las hermanas Atkins, Looe Island ya tenía una historia particular.

La isla estuvo relacionada con un asentamiento paleocristiano y con una antigua capilla medieval dedicada a San Miguel. Los hallazgos arqueológicos también evidencian distintos períodos de actividad humana en la zona.

Con el paso del tiempo, el lugar estuvo vinculado incluso con historias de contrabando y atravesó diferentes etapas de propiedad privada.

Cuando las hermanas llegaron, no adquirieron simplemente una parcela aislada en medio del mar: se hicieron responsables de un territorio con una combinación poco habitual de patrimonio histórico, bosques, praderas y costa rocosa.

La última voluntad de las hermanas

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Attie murió en 1997. Babs continuó viviendo sola en la isla hasta su fallecimiento en 2004.

Fue entonces cuando se concretó una de las decisiones más importantes de la historia del lugar.

Babs había establecido en su testamento que la totalidad de Looe Island fuera legada al Cornwall Wildlife Trust, una organización dedicada a la protección de la naturaleza.

La intención era clara: evitar que el territorio terminara convertido en un desarrollo inmobiliario y garantizar que sus ecosistemas permanecieran protegidos.

Desde entonces, la isla es administrada como una reserva natural marina, con acceso restringido y visitas organizadas.

Un refugio para la fauna

Hoy, la isla funciona como un importante refugio para distintas especies terrestres y marinas.

Entre sus habitantes se encuentra la mayor colonia de cría de gaviotas de lomo negro de Cornualles, además de cormoranes y ostreros.

Desde 2010, los investigadores han marcado cerca de 700 gaviotas, lo que permitió seguir sus movimientos y obtener información sobre las poblaciones de aves de la región. Algunos ejemplares jóvenes incluso fueron registrados viajando hasta el noroeste de España.

La isla también se utiliza para investigaciones científicas. En los últimos años se realizaron estudios sobre la zona intermareal para analizar cómo cambian las poblaciones de especies y cómo avanzan determinadas especies invasoras en un contexto marcado por el cambio climático.

Una casa que se convirtió en legado

La pequeña vivienda donde las hermanas construyeron su vida todavía forma parte del paisaje de la isla.

Lo que comenzó en 1965 como el sueño personal de dos mujeres terminó convirtiéndose en algo mucho más grande: un territorio protegido para las generaciones futuras.

Durante casi 40 años, Roselyn y Evelyn Atkins hicieron de aquella isla su hogar. Después, eligieron que dejara de pertenecer a una familia para convertirse en un refugio permanente para la fauna y la investigación científica.

Una historia en la que una propiedad privada terminó transformándose, por voluntad de sus dueñas, en un patrimonio natural que continúa protegido décadas después.

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