Durante 50 años llevó agua a una isla devastada para plantar árboles: logró devolverle la vida

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Cuando llegó en 1969, Lady Elliot Island estaba cubierta de coral y casi no tenía vegetación. Don Adams decidió restaurarla y durante años transportó agua desde el continente para que los primeros árboles pudieran sobrevivir.

Hay historias de restauración ambiental que comienzan con grandes proyectos científicos y otras que nacen de la perseverancia de una sola persona. La de Don Adams pertenece a la segunda categoría.

Cuando el piloto australiano llegó a Lady Elliot Island en 1969, encontró un paisaje muy distinto al que hoy se puede visitar. La pequeña isla coralina, ubicada en el extremo sur de la Gran Barrera de Coral de Australia, había perdido gran parte de sus árboles después de décadas de explotación.

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Durante el siglo XIX, la extracción de guano —acumulaciones de excrementos de aves marinas utilizadas como fertilizante— había deteriorado seriamente el terreno. La explotación terminó en 1874, pero sus consecuencias permanecieron durante generaciones.

A esto se sumó la presencia de cabras, que dificultaban todavía más que las plantas pudieran crecer y establecerse.

El desafío de plantar árboles donde casi no había suelo

Adams creyó que la isla todavía podía recuperarse. Tras obtener una concesión turística del Gobierno australiano, comenzó un proyecto de restauración que enfrentaba un enorme obstáculo: Lady Elliot prácticamente no tenía agua dulce ni suelo fértil.

Para conseguir que los primeros árboles sobrevivieran, tuvo que hacer algo tan sencillo como extraordinario: transportar agua en tambores desde el continente y utilizarla para regar las plantas que había comenzado a introducir.

Durante años repitió el proceso mientras incorporaba miles de ejemplares de especies nativas provenientes de Queensland y otras islas cercanas.

Entre ellas estaban las casuarinas, pandanus y pisonias, árboles y plantas adaptados a las condiciones de los ambientes costeros.

Poco a poco, las raíces comenzaron a fijar el terreno y la vegetación empezó a recuperar espacios que durante décadas habían estado dominados por fragmentos de coral.

Los árboles también hicieron volver a las aves

La recuperación de la vegetación generó un efecto que Adams probablemente no podía dimensionar cuando comenzó a plantar.

Con más árboles disponibles, las aves marinas volvieron a encontrar lugares donde descansar y reproducirse. Sus excrementos aportaron nuevos nutrientes al suelo y favorecieron el crecimiento de otras plantas.

Así se puso en marcha un círculo natural: más vegetación permitió el regreso de aves, las aves aportaron nutrientes y esos nutrientes ayudaron a que pudiera crecer todavía más vegetación.

Lo que comenzó como el esfuerzo de una persona terminó transformando progresivamente el ecosistema de la isla.

De un terreno devastado a un refugio natural

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Hoy, Lady Elliot Island forma parte de la Gran Barrera de Coral y está protegida dentro del Parque Marino de la Gran Barrera de Coral.

Sus aguas albergan tortugas marinas, mantarrayas, tiburones de arrecife y cientos de especies de peces, mientras que la vegetación de la isla ofrece refugio a numerosas aves.

El contraste con aquella isla prácticamente desnuda que encontró Adams en 1969 es enorme.

Su historia demuestra que la recuperación de un ecosistema puede llevar décadas y que, en algunos casos, devolverle la vida a un lugar comienza con algo tan pequeño como llevar agua a una planta que todavía no tiene fuerzas para sobrevivir por sí sola.

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