El perro que vivió 15 años en una universidad de Ecuador y ahora tiene su propio monumento

images - 2026-10-06T101906.967
Redactora
¡Valora esto!

Durante más de 15 años, Max formó parte de la vida cotidiana de una universidad de Quito, Ecuador. No era una mascota de una sola persona ni tenía un dueño particular: era un perro comunitario que encontró en la Escuela Politécnica Nacional (EPN) un hogar y en sus estudiantes, docentes, trabajadores y vecinos una familia.

Ahora, su recuerdo quedó instalado para siempre en el lugar donde pasó gran parte de su vida. En el marco del Día Mundial de los Animales, celebrado el 4 de octubre, la institución le rindió homenaje con una estatua ubicada en uno de sus rincones favoritos del campus.

La historia fue difundida por la Unidad de Bienestar Animal de Quito, que destacó el vínculo que Max construyó con varias generaciones de personas que transitaban diariamente por la universidad.

image images 2026 10 06T101855.760

“Hay animales que dejan de ser parte de un solo lugar para convertirse en parte de la historia de toda una comunidad”, señaló la dependencia municipal al compartir el homenaje.

Un perro que se convirtió en parte de la universidad

Durante sus años en la EPN, Max estuvo presente en el día a día de la comunidad universitaria. Caminaba por el campus, descansaba en distintos sectores y era reconocido por quienes estudiaban o trabajaban allí.

El Club de Bienestar Animal de la EPN, conocido como Poliperros, explicó que diferentes integrantes de la comunidad se encargaban de alimentarlo, cuidarlo y protegerlo.

Así, con el paso del tiempo, Max dejó de ser simplemente un perro que frecuentaba la universidad y pasó a convertirse en uno de los símbolos de los animales comunitarios de Quito.

Su presencia atravesó generaciones de estudiantes. Para muchos de ellos, encontrarse con Max en algún sector de la institución formaba parte de la experiencia cotidiana de recorrer el campus.

La estatua quedó en uno de sus lugares favoritos

image images 2026 10 06T101906.967

El homenaje tuvo un detalle especialmente significativo: la estatua fue instalada en una de las esquinas donde Max solía descansar.

El Club Poliperros compartió imágenes del monumento y recordó ese rincón como uno de los lugares donde los integrantes de la comunidad lo veían habitualmente.

“Maxito. Su monumento, finalmente en el lugar donde tantas veces lo vimos descansar”, expresaron desde el grupo.

De esta manera, quienes vuelvan a recorrer ese sector de la Escuela Politécnica Nacional podrán encontrarse con la figura de Max y recordar al animal que durante más de una década acompañó la rutina de la institución.

Más que un homenaje a un perro en particular, el monumento representa también el vínculo que puede construirse entre los animales comunitarios y los espacios que terminan convirtiéndose en su hogar.

¡Valora esto!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *