La selva amazónica, considerada uno de los mayores pulmones verdes del planeta, podría comenzar a acelerar el cambio climático en lugar de frenarlo. Un nuevo estudio publicado en la revista científica Nature Climate Change reveló que el Amazonas está liberando carbono a la atmósfera mucho más rápido de lo previsto debido al aumento de las sequías y las tormentas eléctricas intensas.
Los bosques amazónicos almacenan más del 60% de toda la materia vegetal del planeta y cumplen un rol clave en la captura de dióxido de carbono. Sin embargo, cuando los árboles mueren antes de tiempo, ese carbono vuelve rápidamente a la atmósfera, potenciando aún más el calentamiento global.

La investigación fue liderada por científicos de la Academia China de Ciencias, el Jardín Botánico del Sur de China, la Universidad Cornell, la Universidad de California en Berkeley y el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE). El objetivo fue entender cuánto tiempo permanece el carbono almacenado en la vegetación amazónica y cómo está cambiando ese proceso por el impacto climático.
Para lograrlo, el equipo utilizó imágenes satelitales del sistema MODIS junto con datos recolectados en 57 parcelas forestales distribuidas en la Amazonía. Con esa información construyeron el mapa más detallado hasta ahora sobre la renovación de biomasa en toda la región.
Los resultados mostraron que el tiempo que tarda la selva en reemplazar árboles muertos oscila entre 24 y 80 años, aunque la mediana actual ronda los 51 años. El problema es que ese ciclo se está acelerando peligrosamente.
Según el estudio, las tormentas eléctricas intensas resultaron ser incluso más determinantes que la sequía para explicar la muerte prematura de árboles. Los investigadores detectaron que los rayos, el viento extremo y el aire cada vez más seco generan un deterioro acelerado de la vegetación.
Además, el análisis concluyó que la sequedad atmosférica reduce entre 5 y 10 años el tiempo de renovación de biomasa en varias zonas del Amazonas, especialmente en el noroeste y sudeste de la selva.
Las proyecciones para finales de este siglo son preocupantes. Bajo un escenario optimista de bajas emisiones contaminantes, el proceso de liberación de carbono se aceleraría un 3%. Pero si continúan las emisiones actuales, el Amazonas podría perder carbono hasta un 15% más rápido hacia el año 2100.

Los científicos advirtieron que los modelos climáticos globales todavía no incorporan correctamente el impacto de las tormentas eléctricas y la sequedad del aire sobre los bosques tropicales, lo que podría estar subestimando la velocidad del deterioro ambiental.
También señalaron que aún existen incertidumbres sobre cómo podrían adaptarse los árboles a las nuevas condiciones climáticas o cómo interactúan entre sí factores extremos como las sequías y las tormentas.
El estudio concluyó que comprender mejor estos procesos será fundamental para mejorar las predicciones sobre el futuro climático del planeta y dimensionar el verdadero papel que tendrá la Amazonía en las próximas décadas.








