La cueva subacuática explorada más larga del mundo: supera los 13 kilómetros

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En la pequeña localidad de Covanera, en la provincia española de Burgos, se encuentra uno de los sistemas subacuáticos más extraordinarios del planeta. Se trata del Pozo Azul, una surgencia kárstica que alberga la cueva subacuática explorada más larga del mundo, con cerca de 14 kilómetros de galerías cartografiadas y un potencial geológico que podría extenderse otros 20 kilómetros.

Este enclave se convirtió en un referente internacional para la espeleología y el buceo técnico, al punto de ser conocido entre los especialistas como «el Everest del espeleobuceo», debido a la enorme dificultad que supone recorrer sus galerías inundadas.

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Un desafío reservado para expertos

El acceso al sistema comienza con un primer sifón de unos 700 metros de longitud y 20 metros de profundidad. Tras atravesarlo, los buceadores llegan a una cámara de aire conocida como «La Burbuja», antes de enfrentarse al segundo sifón, considerado el tramo más complejo.

Este pasaje se extiende 5,1 kilómetros y alcanza 71 metros de profundidad. Para orientarse en un entorno completamente inundado y sin visibilidad natural, los equipos avanzan siguiendo un cabo guía fijado a la roca, ya que cualquier error puede resultar fatal.

Además, algunas galerías se encuentran hasta 300 metros por debajo de la superficie, mientras que la temperatura del agua permanece entre 9 y 11 °C durante todo el año, lo que obliga a utilizar equipos especializados.

¿Por qué sus aguas son tan azules?

El característico color del Pozo Azul se debe a la extraordinaria pureza del agua. Al haber muy pocas partículas en suspensión, la luz solar se dispersa resaltando las longitudes de onda azules, creando el intenso tono que da nombre al lugar.

El sistema actúa como la principal salida de los acuíferos que atraviesan los páramos calizos de la comarca de Sedano, una formación geológica que dio origen a esta gigantesca red de galerías.

Más de 60 años de exploraciones

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Las primeras expediciones comenzaron en 1964, impulsadas por los hermanos Joaquín y Pedro Plana, integrantes del Grupo Espeleológico Edelweiss.

Con el paso de las décadas, las investigaciones fueron ampliando el mapa de la cavidad gracias al trabajo de especialistas internacionales, entre ellos el británico Jason Mallinson y los australianos Richard Harris y Craig Challen.

Uno de los hallazgos más importantes fue la galería seca Tipperary, de unos 500 metros de longitud, el único gran tramo sin agua descubierto hasta ahora dentro del sistema. Los investigadores continúan buscando una posible entrada desde la superficie que permita acceder a esa zona sin atravesar los largos sifones.

A pesar de las décadas de trabajo, el Pozo Azul sigue guardando numerosos misterios bajo tierra y continúa siendo uno de los grandes desafíos del buceo de exploración a nivel mundial.

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