La llegada masiva de sargazo cambia el color del Caribe y amenaza al turismo y los ecosistemas

80815204. Mahahual, 15 Ago 2018 (Notimex- Especial).- Las brigadas en las que participan ciudadanos y prestadores de servicios, retiraron en un dia 15 toneladas de sargazo de un tramo de 3 kilÛmetros de playa en Mahahual, al sur de Quintana Roo. NOTIMEX/FOTO/ESPECIAL/COR/POL/ (Photo by ESPECIAL / Notimex via AFP)
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Las playas de arena blanca y aguas cristalinas, uno de los paisajes más característicos del Caribe, enfrentan desde hace años una transformación cada vez más evidente. En lugar del tradicional azul turquesa, enormes cantidades de sargazo cubren la costa y tiñen el mar y la arena de tonos marrones.

Este año, el fenómeno llegó antes y con una intensidad récord. Las algas comenzaron a acumularse en las playas desde febrero y afectaron a distintos puntos del Caribe, especialmente en México, donde trabajadores, empresarios, científicos y autoridades buscan diferentes estrategias para enfrentar una crisis que parece crecer temporada tras temporada.

Cada mañana, decenas de personas recorren las playas con rastrillos, palas y carretillas para retirar el sargazo acumulado durante la noche. Sin embargo, el trabajo parece no tener fin: mientras una parte es retirada de la arena, nuevas masas de algas continúan llegando empujadas por las corrientes y el viento.

Una gigantesca masa de algas que atraviesa el Atlántico

El problema está relacionado con el llamado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una enorme acumulación de biomasa que se extiende a lo largo de unos 9.000 kilómetros entre África, Brasil y el Caribe.

Desde allí, grandes cantidades de algas se desplazan por el océano hasta alcanzar las costas de más de 30 países y territorios de la región, desde México y República Dominicana hasta Barbados y otras islas caribeñas.

El crecimiento de esta enorme masa de sargazo está vinculado a una combinación de factores. Los nutrientes que llegan al océano a través de grandes ríos, como el Amazonas, favorecen su proliferación, mientras que el aumento de la temperatura del mar genera condiciones cada vez más propicias para su expansión.

Después, las corrientes marinas y los vientos determinan el destino final de estas gigantescas masas de algas.

El sargazo llegó de forma masiva a las playas del Caribe mexicano por primera vez en 2011. Desde entonces, el fenómeno se volvió recurrente, aunque este año se registraron arribazones particularmente intensos y tempranos.

El desafío de limpiar playas que vuelven a llenarse

En los principales destinos turísticos del Caribe mexicano, la lucha contra el sargazo comienza antes del amanecer.

Trabajadores y brigadas de limpieza recorren kilómetros de costa para separar las algas de la arena. En algunos lugares también se utilizan máquinas y excavadoras para acelerar la recolección.

Pero retirar el sargazo una vez que llega a la playa es apenas una parte del problema.

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México también implementó barreras flotantes y embarcaciones que intentan interceptar las algas mar adentro antes de que alcancen la costa. Esta estrategia es considerada una de las alternativas más eficaces, aunque la enorme cantidad de biomasa presente en el océano hace que la contención resulte extremadamente difícil.

El récord de arribazones de este año incluso llevó a las autoridades mexicanas a anunciar un nuevo plan integral para enfrentar el fenómeno, que contempla el apoyo a empresas dedicadas a transformar el sargazo, investigaciones científicas y la incorporación de nuevas embarcaciones para mejorar la capacidad de recolección.

Cuando una crisis se convierte en una oportunidad

Ante la magnitud del problema, algunas empresas comenzaron a buscar una manera de transformar el sargazo en nuevos productos.

Una de ellas trabaja en la producción de biomateriales a partir de las algas. La parte líquida puede utilizarse, por ejemplo, para elaborar bioestimulantes destinados a las plantas, mientras que la parte sólida puede procesarse y convertirse en materia prima para diferentes productos.

El sargazo también comenzó a ser utilizado en proyectos vinculados con la industria cosmética, la fabricación de objetos y materiales alternativos e incluso investigaciones orientadas a desarrollar una especie de cuero vegano.

En el Caribe mexicano, uno de los proyectos pioneros fue el impulsado por el empresario Omar Vázquez Sánchez, quien comenzó hace más de una década a experimentar con el sargazo.

Primero lo utilizó como compost y, con el tiempo, desarrolló SargaBlock, un tipo de bloque de construcción elaborado en parte con esta macroalga y otros materiales orgánicos.

Su experiencia despertó el interés de otros países afectados por el mismo fenómeno y lo llevó a compartir su trabajo en distintos puntos del Caribe.

Sin embargo, incluso quienes encontraron una oportunidad económica en el sargazo reconocen que su aprovechamiento industrial todavía está lejos de resolver la magnitud del problema.

El impacto sobre el turismo

Las consecuencias ya se sienten en una de las principales actividades económicas de la región: el turismo.

Miles de visitantes llegan al Caribe esperando encontrar playas de arena blanca y aguas transparentes, pero en algunos sectores se encuentran con extensas acumulaciones de algas y un fuerte olor generado por su descomposición.

El sargazo puede modificar por completo el paisaje de destinos turísticos como Playa del Carmen, Puerto Morelos y otras localidades de Quintana Roo.

La situación genera preocupación entre empresarios y trabajadores vinculados al sector, especialmente porque la presencia masiva de algas puede afectar la experiencia de los visitantes y reducir el atractivo de las playas.

El problema, además, no se limita a la imagen de la costa.

Cuando el sargazo comienza a descomponerse, puede liberar gases como amoníaco y ácido sulfhídrico, responsable del característico olor similar al azufre.

Una amenaza para la vida marina

Los efectos ambientales también son cada vez más preocupantes.

Mientras permanece flotando en el mar, el sargazo forma enormes masas que pueden bloquear el paso de la luz y afectar ecosistemas fundamentales, como los arrecifes de coral y las praderas marinas.

Cuando llega a la costa y comienza a descomponerse, consume el oxígeno disponible en el agua. Esto puede provocar episodios de hipoxia, una situación que pone en riesgo a peces y otras especies marinas.

Uno de los episodios que generó preocupación ocurrió el 21 de julio frente a la costa de Puerto Morelos, donde aparecieron miles de peces muertos. Investigadores señalaron que la falta de oxígeno relacionada con la gran cantidad de sargazo podría haber sido uno de los factores involucrados, aunque las autoridades indicaron que no era posible establecer una única causa.

Incluso la propia limpieza de las playas presenta nuevos desafíos.

Una vez retirado, el sargazo continúa descomponiéndose en los centros de acopio y puede generar líquidos capaces de filtrarse en el suelo y afectar los acuíferos.

Además, distintas organizaciones ambientales advierten sobre el posible impacto del uso de maquinaria pesada en las playas, ya que puede acelerar la erosión, compactar la arena y afectar a especies que utilizan la costa para completar su ciclo de vida, como las tortugas marinas.

Un problema que requiere una respuesta regional

Frente a un fenómeno que no reconoce fronteras, distintos países del Caribe comenzaron a impulsar estrategias conjuntas.

La Asociación de Estados del Caribe trabaja en una respuesta regional para enfrentar las futuras arribazones y desarrollar proyectos que permitan mejorar la prevención, la contención y el aprovechamiento del sargazo.

El desafío es enorme y requiere importantes inversiones, además de coordinación entre gobiernos, científicos y empresas.

Mientras tanto, en las playas, la rutina se repite cada día.

Al amanecer, los trabajadores vuelven a retirar toneladas de algas de la arena. Horas después, las corrientes pueden traer una nueva marea marrón.

Aunque algunos proyectos buscan transformar el sargazo en ladrillos, productos cosméticos o materiales para diferentes industrias, la magnitud del fenómeno demuestra que la solución no puede depender únicamente de aprovechar lo que llega a las costas.

Para quienes estudian y conviven con este problema, el sargazo es también una señal de un desafío ambiental mucho más amplio, relacionado con el calentamiento de los océanos y la actividad humana.

Y mientras las playas del Caribe intentan recuperar su color característico, una certeza parece instalarse en la región: el sargazo llegó para quedarse y enfrentarlo requerirá mucho más que limpiar la arena.

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