Colorado ya superó los 7.000 avistamientos en 2026 y Nuevo México registra 187 osos muertos, mientras las autoridades advierten que el otoño podría intensificar los conflictos
La falta de agua y alimento está modificando el comportamiento de los osos en el oeste de Estados Unidos y llevando a estos animales cada vez más cerca de las zonas habitadas. Colorado superó este año los 7.000 avistamientos, mientras otros estados registran cifras récord de animales muertos como consecuencia de atropellamientos, disparos, ataques o intervenciones de las autoridades.
El fenómeno está estrechamente relacionado con una de las temporadas más secas de los últimos años. La escasez de agua y las altas temperaturas afectaron la disponibilidad de bayas, frutos silvestres, plantas y pastizales, elementos que representan una parte fundamental de la alimentación de los osos.
Sin suficientes recursos en su hábitat natural, los animales comenzaron a ampliar sus recorridos en busca de comida. Así, cada vez son más frecuentes las imágenes de osos caminando por calles, entrando en viviendas, revisando contenedores de basura o apareciendo en espacios públicos.
El problema preocupa especialmente porque el otoño es una etapa crítica para estos animales: antes de la llegada del invierno necesitan acumular importantes reservas de grasa para afrontar la hibernación.
Colorado alcanzó un récord histórico de avistamientos
Uno de los estados más afectados es Colorado, donde las autoridades contabilizaron más de 7.000 reportes de osos durante 2026. La cifra ya superó el récord registrado durante todo 2019.
El aumento de los encuentros también está relacionado con el crecimiento de las áreas urbanizadas. La población humana de Colorado se duplicó durante los últimos 50 años y el avance de las viviendas llevó a muchas comunidades hacia territorios que históricamente formaban parte del hábitat de los osos.
En lo que va del año se registraron al menos seis ataques. Sin embargo, la mayoría de los avistamientos no termina en una confrontación directa.
Según Jonathan Livingston, portavoz de Colorado Parks and Wildlife, entre el 1,5% y el 2% de los avistamientos termina con la eutanasia del animal. Esa proporción puede disminuir cuando los residentes comunican rápidamente la presencia de un oso y permiten que los especialistas intervengan antes de que el comportamiento del animal se vuelva peligroso.
Nuevo México alcanzó una cifra récord de muertes
La situación también se refleja en las estadísticas de otros estados.
En Nuevo México, las autoridades y los residentes mataron 187 osos en lo que va del año, la cifra más elevada desde 2011. Además, 35 ejemplares adultos y 16 crías fueron trasladados a otros lugares.
El estado también sufrió un episodio particularmente grave: la semana pasada, un oso mató a un hombre, en el primer ataque mortal registrado allí en 25 años.
En Utah, en tanto, las autoridades debieron aplicar la eutanasia a 39 osos durante 2026, una cifra que ya constituye un récord para un año completo.
Montana enfrenta una situación diferente pero igualmente preocupante. Allí los avistamientos son tan numerosos que las autoridades tienen dificultades para contabilizarlos en su totalidad. Hasta el momento, 24 osos grizzly murieron, principalmente después de atacar ganado o personas o tras ser atropellados por vehículos.

En mayo, además, un hombre murió luego de ser atacado por un grizzly en el Parque Nacional Glacier.
La sequía cambió la búsqueda de alimento
Los especialistas explican que el problema no radica simplemente en que haya más osos. La combinación entre poblaciones que se recuperaron durante las últimas décadas, expansión urbana y pérdida de recursos naturales está aumentando las posibilidades de contacto.
En Colorado existen actualmente entre 17.000 y 20.000 osos negros, una población considerada saludable. Sin embargo, las condiciones ambientales están haciendo cada vez más difícil que los animales encuentren alimento suficiente en los bosques.
La situación se vuelve especialmente delicada durante las semanas previas a la hibernación. Los osos necesitan comer grandes cantidades para acumular reservas y, cuando los alimentos naturales escasean, los olores procedentes de viviendas y establecimientos humanos se convierten en una alternativa extremadamente atractiva.
Un oso puede comenzar revisando un contenedor de basura y terminar ingresando a una vivienda en busca de comida. Ese proceso aumenta el riesgo tanto para las personas como para el propio animal, que puede ser considerado peligroso y terminar siendo sacrificado.
El especialista Jon Beckmann describió la situación como una prueba extraordinaria tanto para los animales como para las comunidades que comparten su territorio.
Cómo actuar frente a un oso
Aunque los encuentros pueden resultar intimidantes, los expertos recuerdan que los osos generalmente evitan a las personas y los ataques son poco frecuentes. Por eso, una de las principales recomendaciones es aprender a interpretar su comportamiento.
Si el animal resopla, gime o hace rechinar sus mandíbulas, puede estar reaccionando de manera defensiva. En ese caso, los especialistas aconsejan mantener la calma y evitar movimientos bruscos. Si se produce un contacto físico durante un ataque defensivo, una de las recomendaciones es proteger la cabeza y hacerse el muerto.
El comportamiento es diferente si el oso permanece silencioso y se acerca de manera deliberada. Esa actitud puede indicar un comportamiento potencialmente depredador. En ese escenario, los expertos recomiendan intentar ahuyentarlo y, si ataca, defenderse activamente.
La especie tampoco es el único factor determinante. Los osos negros y los grizzly pueden presentar comportamientos diferentes, pero los especialistas destacan que la conducta concreta del animal es más importante que su color o apariencia.
Las autoridades buscan evitar que los osos asocien a las personas con comida
Para reducir los encuentros, las autoridades están insistiendo especialmente en la prevención.
Entre las principales recomendaciones se encuentran utilizar contenedores de basura resistentes a los osos, no dejar los residuos en la calle durante toda la noche y mantener fuera de su alcance la comida de mascotas y los comederos para aves.
También se pide a los habitantes que nunca alimenten deliberadamente a un oso. Aunque pueda parecer una forma de ayudar a un animal que atraviesa dificultades por la sequía, los especialistas advierten que la conducta puede generar un problema a largo plazo.
Un oso que aprende que las zonas habitadas ofrecen comida puede regresar una y otra vez, incluso cuando las condiciones ambientales mejoren. De esta manera, la búsqueda ocasional de alimento puede transformarse en una asociación permanente entre los asentamientos humanos y una fuente segura de comida.
El otoño podría agravar el problema
La llegada del otoño genera todavía más preocupación entre los especialistas. Durante las próximas semanas, los osos deberán intensificar la búsqueda de alimento para prepararse para la hibernación, precisamente cuando las condiciones de sequía ya redujeron buena parte de los recursos disponibles.

Esto podría provocar un nuevo aumento de los desplazamientos hacia viviendas y ciudades.
La situación plantea un desafío complejo para las autoridades del oeste estadounidense: proteger a las comunidades sin poner en riesgo a poblaciones de osos que, en muchos lugares, se recuperaron después de décadas de presión humana.
La sequía, el crecimiento urbano y la pérdida de alimento están haciendo que humanos y fauna silvestre coincidan cada vez más en los mismos espacios. Y, a medida que avance el otoño, la competencia por encontrar comida podría convertir esos encuentros en un problema todavía mayor.








