La sequía que permitió sobrevivir durante 1.000 años a una de las primeras ciudades de la historia

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La agricultura intensiva ayudó a Çatal Hüyük a adaptarse a un clima cada vez más seco, pero la misma estrategia que garantizó su supervivencia terminó llevando al límite los recursos del territorio

Durante siglos, una de las primeras grandes comunidades sedentarias de la humanidad logró adaptarse a un entorno cada vez más seco sin desaparecer. El secreto de su supervivencia estuvo en una estrategia que, paradójicamente, también habría contribuido a su transformación: intensificar la agricultura y explotar cada vez más las tierras disponibles.

Se trata de Çatal Hüyük, el célebre asentamiento neolítico ubicado en la actual Turquía, en la llanura de Konya, que estuvo habitado aproximadamente entre 6700 y 5650 a.C. Con sus múltiples niveles de ocupación, viviendas y espacios comunitarios, es considerado uno de los grandes precedentes de las primeras ciudades humanas.

Durante mucho tiempo, una de las principales explicaciones para el abandono del llamado montículo Oriental fue un episodio climático concreto: el evento de enfriamiento conocido como 8,2 ka, ocurrido hace unos 8.200 años. Sin embargo, una nueva investigación plantea una interpretación diferente: el final de Çatal Hüyük habría sido el resultado de un proceso prolongado en el que el clima, la agricultura, el crecimiento demográfico y la transformación del paisaje estuvieron estrechamente relacionados.

Una estrategia agrícola para sobrevivir a la sequía

Para reconstruir cómo pudo funcionar esta sociedad durante más de un milenio, investigadores de la Universidad Técnica de Estambul recurrieron a modelos computacionales y simulaciones que permitieron combinar distintas variables.

El objetivo era comprobar cómo podían interactuar factores como las precipitaciones, la disponibilidad de tierras, la producción agrícola y el tamaño de la población.

Los resultados apuntaron a una estrategia concreta: la intensificación de la agricultura.

En lugar de depender cada vez más de la ganadería o de combinar diferentes actividades productivas, el modelo mostró que el aprovechamiento intensivo de las tierras cultivables podía proporcionar alimentos suficientes para sostener a la comunidad durante más tiempo.

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Esto revela una cuestión fundamental: la capacidad de Çatal Hüyük para resistir un clima cambiante no dependía exclusivamente de cuánto lloviera, sino también de cómo sus habitantes utilizaban los recursos que tenían a su disposición.

Cuando la falta de lluvia impulsó el crecimiento

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que una reducción progresiva de las precipitaciones no necesariamente provocaba una caída inmediata de la población.

En determinadas circunstancias, un clima más seco podía generar el efecto contrario.

Ante la disminución de las lluvias, los habitantes habrían intensificado el uso de las tierras para mantener la producción de alimentos. Mientras el territorio todavía podía soportar esa presión, la estrategia resultaba efectiva: permitía producir más y, con ello, mantener e incluso incrementar el número de habitantes.

Pero el sistema tenía un límite.

A medida que aumentaban la población y la presión sobre las tierras, también crecía la necesidad de encontrar nuevas parcelas productivas. La adaptación que inicialmente había permitido sobrevivir al cambio climático comenzó a generar nuevos problemas ambientales y sociales.

El paisaje comenzó a fragmentarse

La intensificación agrícola tuvo una consecuencia importante: el terreno cultivable fue fragmentándose progresivamente.

Cuando determinadas parcelas dejaban de ser productivas, los habitantes necesitaban trasladar su actividad hacia otros sectores. De esta manera, la agricultura dejó de desarrollarse sobre un territorio estable y pasó a depender de una reorganización constante de los espacios disponibles.

El paisaje se convirtió así en un sistema cada vez más difícil de gestionar.

La comunidad podía continuar adaptándose, pero cada nueva respuesta modificaba a su vez el territorio. Y cuanto mayor era la presión ejercida sobre los recursos, menor era el margen disponible para afrontar futuras dificultades climáticas.

De una comunidad integrada a un asentamiento más disperso

Las evidencias arqueológicas parecen acompañar esta interpretación.

Durante las últimas etapas de ocupación de Çatal Hüyük se observa una transformación en la organización de la comunidad. Las unidades domésticas se volvieron más independientes y dispersas, en contraste con la estructura colectiva que había caracterizado buena parte de la historia del asentamiento.

Este proceso puede interpretarse como una respuesta a un territorio que ya no podía gestionarse de la misma manera.

La población comenzó a descentralizarse mientras el sistema agrícola se volvía más complejo y las tierras productivas requerían una gestión diferente.

El final no habría sido una única catástrofe

La nueva investigación cuestiona, de este modo, la idea de que Çatal Hüyük desapareció simplemente como consecuencia de un único episodio climático extremo.

En cambio, los investigadores plantean un escenario de presión acumulativa.

La comunidad consiguió responder durante generaciones a los cambios en las precipitaciones. Sin embargo, cada adaptación tenía consecuencias. Intensificar la agricultura ayudaba a mantener a la población, pero también aumentaba la presión sobre el suelo. El crecimiento demográfico ampliaba las necesidades de recursos y, a su vez, hacía más difícil responder a nuevas variaciones ambientales.

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El problema, por tanto, no habría sido únicamente la sequía, sino la acumulación de pequeñas transformaciones que terminaron reduciendo progresivamente la capacidad de adaptación de la comunidad.

Del montículo Oriental al Occidental

Este proceso habría contribuido finalmente a la reorganización del asentamiento y al desplazamiento de la actividad desde el montículo Oriental hacia el Occidental, ocupado posteriormente durante el período Calcolítico.

Así, más que un abandono repentino provocado por una catástrofe, el final de la primera etapa de Çatal Hüyük puede entenderse como una transformación gradual de una sociedad que había llevado durante siglos su sistema de adaptación hasta el límite.

La historia de esta antigua comunidad ofrece, en ese sentido, una conclusión sorprendentemente actual: una estrategia puede funcionar durante generaciones para enfrentar un cambio ambiental y, al mismo tiempo, terminar aumentando la presión sobre el propio territorio que permite sobrevivir.

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