Después de que miles de hectáreas de bosque fueran arrasadas por el fuego en la Patagonia argentina, científicos, comunidades mapuches, guardaparques y cientos de voluntarios trabajan desde hace años para devolverle la vida a uno de los ecosistemas más emblemáticos del país. El desafío no consiste únicamente en plantar árboles, sino en reconstruir un ambiente que tardó siglos en formarse.
La iniciativa, conocida como Proyecto Pewen, busca restaurar los bosques de araucarias afectados por los grandes incendios que, entre 2013 y 2014, devastaron más de 3.400 hectáreas en las cuencas de los lagos Ñorquinco y Ruca Choroi, dentro del Parque Nacional Lanín, en Neuquén.
Mucho más que reforestar
Los especialistas explican que la recuperación de un bosque no comienza con una pala y un plantín. Antes de intervenir, es necesario estudiar cómo respondió el ecosistema al incendio y esperar el momento adecuado para iniciar las tareas de restauración.
Por eso, el proyecto combina investigaciones científicas, monitoreo ambiental y conocimientos transmitidos durante generaciones por las comunidades mapuches, que conocen en profundidad el comportamiento de la araucaria —o pewen, como la llaman en su lengua—, una especie declarada en peligro de extinción.
Entre las estrategias utilizadas se encuentran la plantación de ejemplares jóvenes y la siembra directa de piñones, las semillas de la araucaria, una práctica ancestral que favorece la regeneración natural del bosque.
Un trabajo colectivo
Uno de los aspectos más destacados del Proyecto Pewen es la participación de las comunidades locales. Lejos de ser simples colaboradoras, forman parte de la planificación y ejecución de las tareas junto con investigadores, organismos públicos y organizaciones ambientales.
Además, se crearon viveros comunitarios donde se producen miles de plantas nativas cada año y se desarrollan técnicas para mejorar la germinación de las semillas y aumentar las probabilidades de supervivencia de los ejemplares una vez trasladados al bosque.
Para proteger las zonas restauradas también se instalan cercos que impiden el ingreso del ganado durante los primeros años de crecimiento de los árboles.
Prevenir para evitar nuevos incendios
La iniciativa también apunta a reducir el riesgo de futuros incendios forestales. Para ello se conformaron los llamados Equipos Protectores del Pewen, integrados por habitantes de las comunidades que reciben capacitación en prevención de incendios, restauración ambiental y control de especies invasoras.
Su trabajo se realiza en coordinación con guardaparques y técnicos, fortaleciendo la vigilancia y el cuidado permanente de los bosques.
Una recuperación que llevará décadas
Desde que comenzó en 2021, el proyecto logró plantar cerca de 55.000 araucarias y otras especies nativas, restaurar activamente 56 hectáreas de bosque y consolidar una red de viveros con capacidad para producir unas 20.000 plantas por año.
Sin embargo, los especialistas recuerdan que recuperar un bosque de araucarias es un proceso extremadamente lento. Aunque miles de ejemplares ya crecen en las áreas intervenidas, pasarán varias décadas antes de que el ecosistema recupere por completo la estructura y biodiversidad que tenía antes de los incendios.
Mientras tanto, cada nueva plantación representa un paso más hacia la recuperación de uno de los paisajes naturales más valiosos de la Patagonia argentina, demostrando que la combinación de ciencia, saberes ancestrales y compromiso ciudadano puede convertirse en una herramienta clave para enfrentar los efectos del cambio climático y los incendios forestales.






