Las altas temperaturas y un verano particularmente seco provocaron una fuerte disminución del caudal del río Tíber, en Roma, y dejaron al descubierto los restos de una estructura con casi 2.000 años de historia: el antiguo Puente de Nerón, conocido en latín como Pons Neronianus.
El descenso del nivel del agua permitió que locales y turistas observaran bloques enteros de la antigua construcción romana, que normalmente permanecen completamente sumergidos bajo las aguas del río.
Según las autoridades locales, el caudal del Tíber cayó por debajo de los 80 metros cúbicos por segundo, cerca de la mitad del promedio habitual para esta época del año. La situación es consecuencia de un verano prolongado, con altas temperaturas y extensos períodos sin lluvias.

Un puente de casi 2.000 años
Se cree que el puente fue construido alrededor del año 39 d. C., durante el gobierno del emperador Calígula, como una estructura monumental destinada a conectar distintos sectores de la antigua Roma.
Sin embargo, con el paso del tiempo quedó asociado al emperador Nerón, sobrino de Calígula, y pasó a ser conocido como el Puente de Nerón.
Originalmente, la construcción unía la zona del antiguo Campo de Marte con el área donde se encontraba el Circo de Nerón, un espacio que actualmente coincide con los alrededores de la Basílica de San Pedro y la Ciudad del Vaticano.
Los restos pueden apreciarse especialmente desde el Puente de los Ángeles, cerca del Castillo de Sant’Angelo, uno de los puntos más visitados de la capital italiana.
La sequía dejó al descubierto mucho más que las ruinas
El bajo nivel del Tíber no solo permitió que reaparecieran los restos del antiguo puente romano. También quedaron expuestos distintos objetos acumulados en el fondo del río, entre ellos bicicletas, patinetes eléctricos, electrodomésticos e incluso un automóvil.

Para los arqueólogos, la bajante representa una oportunidad poco frecuente para observar y estudiar una estructura que habitualmente permanece oculta bajo el agua.
No es la primera vez que las ruinas vuelven a quedar visibles. La última ocasión en la que el nivel del río permitió observar parte del antiguo Puente de Nerón fue durante otra importante sequía registrada en 2022.
Mientras Roma enfrenta una nueva crisis hídrica, la histórica bajante del Tíber dejó al descubierto, de manera inesperada, una ventana hacia el pasado de la antigua ciudad.








