Durante décadas, viajar a las islas Galápagos era una experiencia reservada para quienes podían pagar costosos cruceros y excursiones organizadas bajo estrictos controles. El alto precio, sumado a las limitaciones logísticas, funcionaba como una barrera que mantenía relativamente contenido el número de visitantes en uno de los ecosistemas más singulares y vulnerables del mundo.
Pero ese modelo comenzó a cambiar.
La expansión de los vuelos comerciales, el crecimiento de las excursiones desde tierra y la proliferación de alquileres turísticos hicieron que el archipiélago ecuatoriano fuera mucho más accesible. Hoy, las Galápagos reciben cerca de 300.000 visitantes al año y cuentan con más de 1.300 alojamientos ofrecidos a través de plataformas de alquiler temporal.
El fenómeno abrió las puertas del archipiélago a viajeros que antes no podían costear una estadía, pero también encendió una alarma: ¿cuántas personas puede soportar un territorio aislado, con recursos limitados y especies únicas que evolucionaron durante millones de años?
De 6.000 turistas a casi 300.000
El crecimiento del turismo en las Galápagos fue extraordinario.
En la década de 1970, el archipiélago recibía alrededor de 6.000 visitantes por año. Con el paso de las décadas, la cifra comenzó a aumentar de manera sostenida hasta alcanzar niveles récord.
En 2025 llegaron 290.404 turistas, un 4% más que el año anterior. Del total, el 62% correspondió a visitantes extranjeros y el 38% a turistas nacionales.
Sin embargo, no solo cambió la cantidad de personas que viajan a las islas. También se transformó la manera de conocerlas.
Durante años, el modelo turístico estuvo centrado principalmente en embarcaciones autorizadas que trasladaban a grupos reducidos entre diferentes puntos del archipiélago. Los recorridos estaban organizados, los visitantes viajaban acompañados por guías y el número de plazas era limitado.
Ahora, la mayor parte de los turistas elige quedarse en tierra.
En 2024, el 78% de los visitantes se alojó en las zonas habitadas de las islas, mientras que solo el 22% utilizó embarcaciones con hospedaje.
Ese cambio impulsó a restaurantes, taxis, pequeños operadores turísticos y comercios locales. Pero también multiplicó la presión sobre las poblaciones y sus infraestructuras.
El boom de los alquileres turísticos
Uno de los cambios más visibles fue la expansión de los alquileres temporarios.
En 2015 había apenas 56 anuncios de Airbnb en las Galápagos. Cinco años después, la cifra rondaba los 350. Para 2025, la oferta había superado los 1.300 alojamientos, frente a unos 300 establecimientos hoteleros regulados.
El crecimiento permitió que muchos residentes participaran directamente de la economía turística. Una habitación libre, un departamento o una propiedad familiar pueden convertirse en una fuente de ingresos en un lugar donde el turismo representa una parte fundamental de la actividad económica.
Pero el avance también generó tensiones.
No todos los alojamientos turísticos operan bajo las mismas reglas. La normativa ecuatoriana exige que quienes ofrecen hospedaje cumplan con requisitos, registros, inspecciones y autorizaciones. En Galápagos, además, existen restricciones especiales destinadas a evitar un crecimiento sin límites de la capacidad turística.
Los hoteles sostienen que deben afrontar exigencias ambientales, sanitarias, laborales y de gestión de residuos que encarecen sus operaciones, mientras que parte de la oferta informal puede ofrecer precios mucho más bajos.
El problema, según los especialistas, no es únicamente quién recibe a los turistas, sino que la capacidad de alojamiento puede aumentar con enorme rapidez.

Basta con transformar una habitación o una vivienda en un alquiler temporal y publicarla en internet para sumar nuevas plazas a un territorio que no puede expandirse.
Agua, energía y residuos: el desafío de vivir en un archipiélago aislado
Cada nuevo visitante representa una demanda adicional de recursos.
Quien llega a las Galápagos necesita agua, electricidad, alimentos, transporte y servicios para el tratamiento de residuos. Pero las islas no cuentan con los recursos ni con la infraestructura de una gran ciudad turística.
Situado a unos 1.000 kilómetros de la costa continental de Ecuador, el archipiélago depende de recursos limitados y del traslado de numerosos productos desde el continente.
El crecimiento del turismo terrestre también aumenta la circulación de vuelos y cargamentos, dos de las principales vías por las que pueden ingresar especies invasoras.
Para un ecosistema como el de las Galápagos, ese riesgo es especialmente delicado.
Insectos, semillas, parásitos y enfermedades pueden llegar accidentalmente entre alimentos, equipajes o materiales. Una vez establecidos, pueden alterar ecosistemas que evolucionaron durante millones de años en aislamiento.
Además, animales introducidos o abandonados, como gatos y perros, pueden afectar a especies nativas, mientras que el crecimiento de las poblaciones genera una mayor cantidad de aguas residuales y basura.
El turismo que sostiene a las islas también puede ponerlas en riesgo
La situación plantea una contradicción difícil de resolver.
El turismo es, al mismo tiempo, una de las principales fuentes de ingresos de las Galápagos y una de las actividades que mayor presión ejerce sobre el territorio.
Cerca del 80% de la economía del archipiélago depende directa o indirectamente de los visitantes. Miles de personas trabajan en hoteles, embarcaciones, restaurantes, excursiones, comercios y servicios de transporte.
Por eso, limitar el turismo no es una decisión sencilla.
Para muchos residentes, los alquileres temporarios representan la posibilidad de acceder a una industria que durante décadas estuvo dominada por grandes operadores y costosos cruceros. Para los hoteles, en cambio, la competencia con alojamientos que no cumplen las mismas obligaciones puede resultar desigual.
Mientras tanto, los conservacionistas advierten que el debate no debería centrarse únicamente en quién se beneficia del dinero que deja el turismo.
La pregunta más importante es otra: ¿cuántos visitantes pueden recibir las Galápagos sin comprometer aquello que las convierte en un lugar único?
La advertencia de la UNESCO y la idea del “crecimiento cero”
El aumento del turismo, el crecimiento demográfico, la pesca ilegal y los problemas de gobernanza figuran entre las amenazas identificadas para el archipiélago.
En ese contexto, la UNESCO ha defendido el concepto de “crecimiento cero” como uno de los escenarios más favorables para proteger el valor natural excepcional de las islas.
La idea no implica necesariamente prohibir el turismo, sino establecer límites claros a su expansión.
Eso podría incluir controles sobre el número total de visitantes, la frecuencia de los vuelos y la capacidad de alojamiento. También supondría reforzar la regulación de las plataformas de alquiler temporal y exigir que todos los hospedajes cumplan con las mismas normas.
El objetivo sería evitar que la cantidad de plazas crezca de forma invisible mientras aumenta el número de personas que llegan al archipiélago.
Un paraíso que no puede crecer sin límites
Las Galápagos no pueden convertirse en una ciudad turística convencional.
No pueden extender indefinidamente sus redes de transporte, construir barrios sin límites ni aumentar el consumo de recursos sin consecuencias. Se trata de un conjunto de islas volcánicas donde habitan especies que no existen en ningún otro lugar del planeta.
El desafío, entonces, no consiste en volver a convertirlas en un destino exclusivo al que solo puedan acceder los viajeros con mayor poder adquisitivo.
Tampoco en responsabilizar únicamente a los turistas que buscan opciones económicas.

Un viajero que duerme en una habitación modesta no necesariamente genera un impacto mayor que otro que paga miles de dólares por recorrer las islas en un crucero. La diferencia está en la escala, la regulación y la capacidad de controlar el impacto total.
Las plataformas de alquiler temporal no crearon por sí solas el problema, pero aceleraron una transformación que ya estaba en marcha.
Las Galápagos son hoy más accesibles que nunca. La gran incógnita es si Ecuador logrará establecer un límite antes de que uno de los ecosistemas más extraordinarios del planeta termine enfrentando los mismos problemas que ya afectan a algunos de los destinos turísticos más masivos del mundo.
Porque en las islas donde Darwin encontró algunas de las claves para comprender la evolución de la vida, el futuro también parece depender ahora de una cuestión de supervivencia: encontrar el equilibrio entre permitir que las personas conozcan este lugar único y evitar que el éxito turístico termine poniendo en peligro aquello que todos quieren ir a ver.








