“Fue como pelear contra un dinosaurio”: sobrevivió al ataque de un tiburón blanco de 4 metros a golpes

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Redactora
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Leah Stewart nadaba cerca de la orilla de una playa de Sídney cuando el enorme depredador la atacó. La arrastró bajo el agua y le provocó heridas que terminaron en la amputación de un brazo, pero ella decidió luchar para volver con su hija

Leah Stewart pensaba que estaba a pocos metros de la orilla cuando vio una enorme aleta acercándose por detrás. Lo que parecía una mañana habitual de natación en la playa de Coogee, en Sídney, Australia, se transformó en una lucha por sobrevivir frente a un tiburón blanco de unos cuatro metros de largo.

La mujer, de 34 años y maestra de primaria, había terminado su habitual baño matutino de los sábados. El agua estaba cristalina y se dirigía de regreso a la costa cuando escuchó el grito desesperado de otra nadadora.

Al darse vuelta, vio la aleta del animal.

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“Era gigantesca”, recordó Stewart en una entrevista con el programa 60 Minutes Australia. Al principio pensó que los socorristas acudirían rápidamente al escuchar los gritos, pero el tiburón continuó acercándose.

Stewart llegó a encontrarse cara a cara con el animal. Según relató, pudo ver sus pequeños ojos negros y una enorme boca repleta de dientes. La abertura era, en sus palabras, prácticamente tan grande como su propio muslo.

Cuando el tiburón estuvo a centímetros de ella, Stewart comprendió que no tenía muchas opciones.

“¿Qué extremidad estoy dispuesta a perder?”

La mujer intentó avanzar hacia la orilla, pero se detuvo al sentir que el animal se acercaba nuevamente. El tiburón finalmente la atacó y le mordió el brazo izquierdo.

Stewart explicó que, como es diestra, tomó una decisión desesperada: utilizar el brazo izquierdo para intentar protegerse y mantener su mano derecha disponible.

El animal le arrancó parte de la piel y el músculo del antebrazo. Después comenzó a arrastrarla bajo el agua y la mordió también en la pierna.

En ese momento, Stewart pensó que iba a morir.

Pero entonces recordó a su hija, August.

“Pensé que no iba a tener madre, que iba a crecer sin madre”, relató entre lágrimas.

Fue entonces cuando decidió contraatacar.

Buscó el hocico del tiburón y comenzó a golpearlo repetidamente. La sensación, según describió, era como pegarle a una pared de ladrillos.

“Fue como luchar contra un dinosaurio”, recordó.

Aun así, continuó golpeándolo hasta que, después de uno de los impactos, el animal finalmente la soltó.

Stewart consiguió llegar a la superficie y nadar hasta la orilla, gravemente herida.

Un médico estaba caminando por la playa

La supervivencia de Stewart también estuvo marcada por una extraordinaria coincidencia.

Entre las personas que se encontraban en la playa aquella mañana estaba Ian Ferguson, un médico especializado en traumatología y atención prehospitalaria de pacientes con heridas graves.

Otros nadadores ayudaron a sacar a Stewart del agua y la llevaron hasta la arena. Allí Ferguson pudo comenzar a asistirla mientras esperaban la llegada de los servicios de emergencia.

La cantidad de sangre que había perdido hacía evidente la gravedad de las lesiones.

Stewart fue trasladada de urgencia a un hospital, donde los médicos tuvieron que inducirla al coma y realizarle numerosas intervenciones quirúrgicas.

El ataque había provocado lesiones devastadoras. La mordedura había destruido tejidos del brazo izquierdo y también había arrancado una importante cantidad de músculo del muslo izquierdo.

Finalmente, los médicos tuvieron que amputarle el brazo izquierdo.

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Volver a caminar

Cuando despertó en cuidados intensivos, Stewart no sabía cuáles serían las consecuencias definitivas del ataque.

No sabía si podría caminar nuevamente ni cuánto movimiento conservaría en sus extremidades.

La lesión en el muslo también había sido extremadamente grave, por lo que tuvo que comenzar un largo proceso de rehabilitación para volver a caminar.

A pesar de todo, asegura que su recuperación avanzó mucho mejor de lo que esperaba.

El día del ataque, la playa de Coogee fue cerrada mientras las autoridades buscaban al tiburón que había protagonizado el incidente.

“Soy la mujer que le dio un puñetazo al tiburón”

El ataque cambió la vida de Stewart para siempre, pero ella no quiere que aquel episodio sea lo que defina su identidad.

Después de sobrevivir a uno de los encuentros más extremos que puede experimentar un nadador, decidió adoptar otra forma de contar su historia.

“No quiero ser recordada como una chica que fue atacada en la playa”, explicó.

Su propia definición es mucho más contundente:

“Soy la mujer que le dio un puñetazo al tiburón en la cara”.

La frase resume la reacción que, en medio del terror y con heridas potencialmente mortales, terminó ayudándola a escapar de un gran tiburón blanco y regresar con vida a la orilla.

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