A poco más de una hora en coche desde Oporto se oculta Vidago, una villa del interior luso que pasó de ser una humilde aldea de labradores a convertirse en uno de los refugios termales más codiciados por la aristocracia europea. Asentada sobre un valle repleto de manantiales, sus aguas emergen frías, densamente mineralizadas y con burbuja propia, integrándose en la famosa Ruta Termal del Agua Verín-Chaves-Vidago.
El palacio que la realeza nunca habitó

El alma de la villa es el Vidago Palace, un deslumbrante hotel de cinco estrellas de fachada rojiza e influencia cortesana francesa. Su historia guarda una ironía histórica:
- Un destino frustrado: Mandado a construir por el rey D. Carlos I y pensado para ser inaugurado por D. Manuel II el 6 de octubre de 1910, el fin de la monarquía un día antes impidió que ningún monarca se alojara en él.
- Vanguardia y lujo: Tras abrir bajo el régimen republicano, fue el primer hotel del país con ascensores y teléfono en las habitaciones.
- Renacimiento moderno: Hoy, tras una cuidada restauración, combina la elegancia aristocrática en su interior con un spa termal diseñado por el afamado arquitecto Álvaro Siza Vieira.

Naturaleza y patrimonio entre templetes
El hotel está envuelto por un parque romántico de 40 hectáreas repleto de secuoyas centenarias, magnolias y un lago tranquilo. Este entorno alberga las buvettes—templetes Art Nouveau y clásicos construidos sobre los manantiales para degustar el agua— y la antigua estación de tren, hoy reconvertida en el Balneário Pedagógico.
Fuera del recinto, el pintoresco casco urbano asciende hacia el Alto do Côto entre iglesias neomedievales, la Casa-Museu del artista João Vieira y elegantes casonas solariegas que atestiguan el esplendor de este rincón portugués.








