En el noreste de Portugal, muy cerca de la frontera con España, se encuentra Mogadouro, una histórica villa que conserva una torre templaria medieval, antiguos caminos utilizados para el contrabando y algunos de los paisajes naturales más llamativos de la región de Trás-os-Montes.
Situado sobre una meseta a unos 700 metros de altitud, el municipio fue durante siglos un enclave estratégico para defender la llamada Raya, la frontera entre Portugal y España. Allí aún se conservan los restos del antiguo castillo levantado por los Caballeros del Temple, del que hoy destaca su imponente torre del homenaje, declarada Monumento Nacional.

El casco histórico alberga otros edificios de gran valor patrimonial, como la iglesia matriz del siglo XVI, con elementos góticos y barrocos, la antigua plaza de la villa, la iglesia de la Misericordia y el convento de San Francisco, que actualmente funciona como sede del ayuntamiento y exhibe una colección arqueológica con piezas de hasta 5.000 años de antigüedad.
Aldeas históricas y huellas del pasado
Más allá del centro urbano, el municipio reúne pequeñas aldeas que conservan parte de la historia medieval portuguesa.
En Penas Róias se encuentra un castillo del siglo XII con una de las torres del homenaje más antiguas del país. En Algosinho, una iglesia románica construida probablemente en el siglo XIII reutiliza antiguas lápidas funerarias romanas en sus muros, mientras que senderos como el Camino del Contrabando recuerdan la intensa actividad comercial clandestina que marcó durante décadas la vida en la frontera.
Naturaleza entre cañones y cascadas
Mogadouro también forma parte del Parque Natural del Duero Internacional, una de las áreas más importantes de Portugal para la observación de aves y la conservación de la biodiversidad.

Uno de sus principales atractivos naturales es la Faia da Água Alta, una cascada de más de 40 metros de altura considerada una de las más grandes del territorio continental portugués. El salto de agua puede recorrerse a través de un sendero de unos 8,6 kilómetros que atraviesa bosques mediterráneos y ofrece vistas panorámicas del valle.
La región también cuenta con numerosos miradores sobre los cañones del Duero y el río Sabor. Entre ellos destaca el Miradouro da Serpente do Medal, famoso por la vista de las sinuosas curvas del río, cuyo recorrido recuerda la silueta de una serpiente entre montañas y lagos.







