El yaguareté cumple 25 años como Monumento Natural y resiste en la selva misionera

yaguarete-monumento-natural-nacional-13-09-2021
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A 25 años de haber sido declarado Monumento Natural Nacional, el yaguareté continúa luchando por sobrevivir en algunos de los últimos territorios donde todavía habita en libertad. En Argentina quedan apenas entre 250 y 300 ejemplares adultos, distribuidos en poblaciones cada vez más fragmentadas.

Este 13 de septiembre se cumplen 25 años de la sanción de la Ley 25.463, aprobada por el Senado y la Cámara de Diputados en 2001, que otorgó al felino la máxima categoría de protección legal a nivel nacional.

La declaración representó un paso fundamental para la conservación de una de las especies más emblemáticas de la fauna argentina. Sin embargo, un cuarto de siglo después, el yaguareté continúa atravesando una situación crítica y su presencia se concentra en pocos ambientes naturales.

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Entre ellos se encuentra la selva misionera, uno de los principales refugios que todavía conserva la especie en el país. También existen poblaciones en las Yungas de Salta y Jujuy y algunos sectores de la región chaqueña.

Un depredador clave de la selva

El yaguareté es uno de los grandes felinos de América y está especialmente adaptado a los ambientes de monte y selva. Tiene un cuerpo compacto y musculoso, patas fuertes, cuello robusto y una poderosa dentadura.

Su alimentación es variada e incluye pecaríes, corzuelas, carpinchos, tapires, agutíes, peces, serpientes y yacarés, entre otras especies.

También posee una característica que permite reconocerlo individualmente: su particular patrón de manchas. Aunque todos los yaguaretés tienen un aspecto similar, cada ejemplar presenta una combinación única, lo que permite identificarlos mediante registros fotográficos.

Es un animal solitario y principalmente nocturno, capaz de recorrer entre 10 y 15 kilómetros diarios en busca de alimento y territorio.

Además, se destaca por su capacidad para desplazarse por ambientes acuáticos. Es un excelente nadador y puede atravesar cursos de agua de gran tamaño, entre ellos los ríos Paraná, Iguazú y Bermejo.

De ocupar gran parte del país a sobrevivir en poblaciones aisladas

La situación actual contrasta con la distribución que tenía la especie a comienzos del siglo XX. En aquel momento, el yaguareté ocupaba una superficie mucho mayor del territorio argentino, desde las regiones del norte hasta sectores cercanos al río Colorado.

La transformación de los ambientes naturales y la persecución redujeron de manera drástica su territorio. Con el paso de las décadas, las poblaciones quedaron separadas entre sí y la especie perdió buena parte de los corredores naturales que necesitaba para desplazarse.

Actualmente enfrenta un riesgo extremadamente alto de extinción en estado silvestre.

Entre las principales amenazas aparece la caza furtiva, pese a que se encuentra prohibida por la legislación. También preocupa la destrucción y degradación de bosques y selvas para diferentes usos del suelo, que reduce y fragmenta los ambientes disponibles.

La situación se agrava cuando disminuye la cantidad de presas naturales. La caza de animales silvestres reduce el alimento disponible para el felino y puede llevarlo a acercarse a zonas productivas en busca de ganado doméstico, aumentando el riesgo de conflictos con las personas.

La selva misionera, uno de sus últimos refugios

En Misiones, el yaguareté todavía encuentra algunos de los ambientes fundamentales para su supervivencia. El Parque Nacional Iguazú constituye uno de los principales espacios protegidos donde la especie puede desplazarse y reproducirse en libertad.

La existencia de áreas protegidas resulta especialmente importante para un animal que necesita grandes extensiones de territorio. Por eso, además de conservar determinados parques y reservas, resulta fundamental mantener la conectividad entre los distintos ambientes mediante corredores naturales.

La especie también cuenta con otros espacios protegidos en diferentes puntos del país, como los Esteros del Iberá, en Corrientes; el Parque Nacional Copo, en Santiago del Estero; el Parque Nacional Calilegua, en Jujuy; y los parques nacionales Baritú y la Reserva Nacional El Nogalar de los Toldos, en Salta.

También existen registros ocasionales en el Parque Nacional Río Pilcomayo, en Formosa, además de distintos parques y reservas provinciales, municipales y privadas.

25 años de protección y un desafío que continúa

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La declaración del yaguareté como Monumento Natural Nacional significó un reconocimiento de su importancia y le otorgó el máximo nivel de protección legal dentro del país.

Pero los números muestran que la protección jurídica, por sí sola, no alcanza. Con apenas 250 a 300 adultos en Argentina, la conservación de la especie depende de mantener grandes superficies de selva, proteger a sus presas, combatir la caza furtiva y garantizar que las poblaciones puedan permanecer conectadas.

A 25 años de aquella declaración, el yaguareté todavía sobrevive en la selva misionera y otros de los últimos grandes ambientes naturales argentinos. Su permanencia en libertad representa no solo la supervivencia de un felino emblemático, sino también la conservación de los ecosistemas de los que depende.

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