El sitio arqueológico K’oxol Ja’ II fue descubierto durante las obras del Tren Maya de Carga y permite conocer mejor la vida cotidiana de comunidades mayas que no habitaban los grandes palacios ni pertenecían a los sectores privilegiados. El hallazgo incluye antiguas viviendas, un sistema de manejo del agua y ofrendas de consagración.
Un nuevo hallazgo arqueológico en la península de Yucatán está aportando información sobre una parte menos conocida de la civilización maya: la vida de las comunidades que permanecieron fuera de los grandes centros de poder.
Se trata de K’oxol Ja’ II, un asentamiento descubierto durante los trabajos de salvamento arqueológico realizados en el marco de la construcción de la Terminal Multimodal de Progreso, vinculada al proyecto del Tren Maya de Carga. El sitio está compuesto por 21 monumentos y diferentes rasgos naturales asociados, y su estudio permite reconstruir cómo era la vida cotidiana de poblaciones que no pertenecían a la élite gobernante ni al sector sacerdotal.

A diferencia de los grandes templos, pirámides y palacios que suelen concentrar la atención de los estudios sobre el mundo maya, este enclave ofrece una mirada sobre quienes formaban parte de la base social de aquella civilización.
Un asentamiento habitado durante siglos
Los arqueólogos estiman que K’oxol Ja’ II tuvo una extensión de 2.257 metros cuadrados y una función principalmente habitacional. Durante las excavaciones se documentaron cimientos y otros restos arquitectónicos que corresponderían a antiguas viviendas.
El asentamiento habría estado ocupado durante un extenso período, desde el Preclásico regional, entre el 400 a.C. y el 250 d.C., hasta el Clásico Tardío, entre los años 450 y 900 d.C.
Su nombre también está relacionado con las características del entorno. En lengua maya, k’oxol significa mosco y ja’, agua, por lo que K’oxol Ja’ puede traducirse como “agua de los moscos” o “agua donde brotan los moscos”.
La denominación refleja la estrecha relación entre los habitantes del sitio y el paisaje natural que los rodeaba, marcado por la presencia de agua y las particularidades geográficas de la región.
El agua, un recurso fundamental para la comunidad
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue la evidencia del manejo de los recursos hídricos.
En el sitio existen cuerpos de agua permanentes y estacionales, mientras que el cenote principal conserva restos de un brocal construido para modificar su acceso. Esta intervención habría permitido gestionar el consumo del agua disponible y garantizar su aprovechamiento por parte de la comunidad.
Para los especialistas, este tipo de infraestructura demuestra que los habitantes no solo se adaptaban a las condiciones del entorno, sino que también intervenían activamente en él para asegurar el acceso a un recurso esencial.
Estas características llevaron a plantear que K’oxol Ja’ II pudo haber sido una población de importancia intermedia dentro de la organización regional, posiblemente vinculada jerárquicamente con El Chiik, otro asentamiento localizado durante los trabajos arqueológicos asociados al Tren Maya de Carga.
Poca cerámica y ninguna tumba: las particularidades del hallazgo
Otra de las características del asentamiento es la escasa presencia de cerámica, algo que contrasta con otros sitios mayas contemporáneos.
Los arqueólogos consideran que una parte importante de los objetos utilizados cotidianamente podría haber sido fabricada con materiales perecederos, que desaparecieron con el paso de los siglos y son mucho más difíciles de identificar en el registro arqueológico.
Tampoco se encontraron entierros humanos en las áreas investigadas. Una posible explicación está relacionada con las condiciones geológicas del terreno: las viviendas estaban construidas prácticamente sobre la roca madre, lo que habría dificultado la excavación de tumbas y obligado a los habitantes a utilizar otros lugares para sus prácticas funerarias.
Durante las excavaciones también fueron recuperadas dos ofrendas de consagración de cimientos, que actualmente se encuentran bajo estudio junto con otros materiales, como restos líticos, cerámica y sedimentos.
Un descubrimiento que da voz a los mayas olvidados por la historia
El estudio de K’oxol Ja’ II resulta especialmente importante porque permite ampliar la mirada sobre la civilización maya.
Gran parte de lo que se conoce sobre este mundo proviene de sus grandes ciudades, monumentos y testimonios vinculados a las élites. Sin embargo, asentamientos como este ayudan a reconstruir la vida de quienes no dejaron textos escritos ni grandes construcciones monumentales.

A través de los restos de sus viviendas, su relación con el agua y los objetos recuperados, los arqueólogos buscan comprender cómo se organizaban estas comunidades, cuáles eran sus prácticas cotidianas y de qué manera se relacionaban con otros asentamientos de la región.
Además, las estructuras fueron preservadas en el mismo lugar donde fueron encontradas. Tras finalizar los trabajos de campo, los muros fueron limpiados y restituidos, mientras que el perímetro quedó protegido para permitir futuras investigaciones.
El hallazgo de K’oxol Ja’ II demuestra así cómo las obras de infraestructura pueden convertirse también en una oportunidad para descubrir y preservar fragmentos desconocidos del pasado. En este caso, el antiguo asentamiento no solo sumó un nuevo punto al mapa arqueológico de Yucatán: también abrió una ventana hacia la vida de los mayas comunes, aquellos que durante siglos quedaron en segundo plano frente a las grandes figuras y monumentos de su civilización.








